¿Votará el Camp Nou por la independencia?
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Mar 9, 2017 |
22:36
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El Brexit trastoca la geopolítica en Cataluña ante el pasmo y desprecio de Mariano Rajoy.

El sexto gol del Barcelona al París la noche del miércoles en el Camp Nou se convirtió en la catarsis pos-Brexit, donde el presidente autonómico de Cataluña, Carles Puigdemont, llegó a comparar el suceso apoteósico con el proceso independentista que encabeza, y que promete resolver a través de un referéndum en septiembre.

En la marquesina favorita de Donald Trump, Twitter, Puigdemont escribió: “No hay nada imposible. El Barça lo acaba de demostrar jugando al fútbol. Cataluña lo demostrará decidiendo su futuro”.

El vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, también se subió a la ola de emociones que detonó el gol de Sergi Roberto: “¡Quien persevera en el esfuerzo hace que todo sea posible!”, escribió el que posiblemente se convertirá en el próximo presidente catalán.

Las parábolas futboleras empaquetadas al vacío surten efecto entre los habituales visitantes a las grandes superficies lúdicas, sobre todo, cuando la política pierde pasión.

Para los políticos catalanes todos los días deberían ser 11 de septiembre (por la otra vez apoteósica celebración de la Diada, fiesta nacional en Cataluña). Y como el Barça es el ejército sin armas, como definió al club el escritor Manuel Vázquez Montalbán, lo mejor son los partidos como el que vimos el miércoles para pedir la independencia a través de la armas (balones) en las piernas de Neymar y Messi.

Un día antes, Junts pel Sí (Juntos por el Sí), coalición de partidos catalanes proindependentistas, inició en el Congreso autonómico los trámites para aprobar la desconexión por la vía urgente. Puigdemont asegura que los túneles por donde saldrá Cataluña de España serán esbozados y pactados con Rajoy, y Junts pel Sí está de acuerdo; sin embargo, el plan B es una ley de Transitoriedad jurídica que sería utilizada en un escenario de urgencia y sin debate parlamentario. Es decir, el escenario más realista.

Bajo el entorno secesionista muchos se preguntan: ¿dónde está el presidente Mariano Rajoy? Para comprender la visión del presidente español, hay que remontarnos unas semanas atrás.

Don Mariano también vivió su catarsis el día que recibió una llamada telefónica de Donald Trump. Pensando que su perfil político embona con el de un estadista transmoderno, el presidente español ofreció a Trump sus servicios de mediador. Como si de una oferta laboral se tratara, don Mariano se dijo experto en temas latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos y, por si fuera poco, de Medio Oriente. No es difícil imaginar que por un momento Trump pensó en sustituir a Steve Bannon, el asesor del odio del Despacho Oval, por Mariano Rajoy. Si la NSA lograra capturar los pensamientos de Rajoy, encontraría odio hacia Cataluña.

Algo raro sucede en la Moncloa cuando su inquilino le ha dado la espalda a Cataluña durante sus larguísimos (por surrealistas) cinco años de gobierno, pero a cambio, se ofrece a Trump como el Kissinger del siglo XXI.

La cultura democrática obligaría a Junts pel Sí a empujar reformas en las Cortes de Madrid. Ahí, pero en el 2006, fue aprobado el Estatuto catalán (una especie de Constitución); no obstante, Rajoy con su PP lo llevaron al Constitucional. Diez años después, el Brexit cambió la geopolítica. Rajoy no lo quiere comprender.

@faustopretelin

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