Holanda ya utiliza una patente de Trump
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Mar 14, 2017 |
11:44
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No es casualidad que Turquía suspenda relaciones con Mark Rutte; Erdogan también tiene hambre de votos

Políticos de Holanda y Turquía recurren a los creadores de los “hechos alternativos” para avanzar en las encuestas.

Si México fue utilizado por Donald Trump como semilla de su candidatura presidencial, Mark Rutte y Recep Tayyip Erdogan utilizan la semilla de la discordia para insultarse y ganar popularidad entre sus votantes.

Recordemos, sucedió el 17 de junio del 2015 en la Torre Trump. El locuaz empresario estadounidense insultó a México durante el lanzamiento de su candidatura. “Cuando México envía a su gente, no envía a la mejor”. De su lenguaje surgió la palabra “violadores”, y la palabra resultó ser una semilla exitosa porque se convirtió en presidente asustando a la demografía más desprotegida en los ámbitos educativos y económicos.

Mañana Holanda decidirá si rompe la tendencia populista o se sumerge en el entorno del odio. Geert Wilders, del Partido por la Libertad, levanta la mano cada vez que escucha las palabras “musulmán”, “Islam”, “mezquita” e “inmigrantes”. Y lo hace para insultar.

Las proyecciones demoscópicas lo colocan en segundo puesto en las elecciones legislativas. La buena noticia (para el fenómeno transcultural de la globalización, es decir para la Unión Europea) es que su techo es demasiado bajo en un espectro de 28 partidos: obtendrá entre 19 y 23 escaños de un total de 150.

El número uno, el Partido Popular por la Libertad y la Democracia, del actual primer ministro Mark Rutte, logrará entre 23 a 27 escaños. Actualmente tiene 40.

Rutte se inventó un pleito con Erdogan al impedir que dos ministros turcos organizaran mítines en territorio holandés para promover el “referéndum del sultán” que será el 15 de abril. Erdogan intenta potenciar su poder como presidente para convertirse en emperador.

Como respuesta, ayer Erdogan­ rebajó y congeló la relación diplomática con Holanda. El turco es experto en la fabricación de conflictos. Lo hizo con Rusia el año pasado cuando su ejército derribó un avión del ejército de Putin que sobrevolaba supuestamente su territorio; lo hizo con el sirio Bachar el Asad al convertir su frontera con Siria en una línea porosa para que terroristas del Estado Islámico­ (EI) la recorrieran sin problema, claro, a cambio de que los yihadistas asesinaran a kurdos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán. Experto en desconectar redes sociales cuando en ellas aparece algo que le incomode, como por ejemplo, grabaciones que revelaron la corrupción de uno de sus hijos al comerciar petróleo con los terroristas del EI, Erdogan realizó purgas después del intento de golpe de Estado del año pasado inoculando terror en su país.

El primer ministro Rutte desea prolongar su mandato. Para ello decidió deslizarse ideológicamente hacia la derecha para cerrar el camino a Wilders. Como si hubiera pactado con Erdogan un performance que desencadenara un conflicto diplomático, impidió que el ministro turco de Exteriores Mevlut­ Cavusoglu viajara a Holanda­ para encabezar un mitin a favor del “referéndum del sultán”. La audiencia le pidió más espectáculo estético. Lo hubo. Rutte envió escoltas para que sacaran del territorio holandés a la ministra turca de Familia, Fatma Betul Sayan Kaya.

Comienza a sentirse en el ambiente electoral el legado de Trump. Los hechos alternativos diplomáticos consisten en generar un conflicto de la nada. Insultar y mencionar la palabra nazi para justificar el congelamiento de las relaciones entre países. Lo hizo Trump con México­. Erdogan recibe 6,000 millones de euros de la Unión Europea para recibir refugiados, y el monto lo considera un crédito suficiente que le permite insultar. Rutte lo agradece. Ganará las elecciones.

Twitter: @faustopretelin

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