Un holograma chavista en Francia
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Abr 17, 2017 |
21:18
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Jean-Luc Mélenchon es un fenómeno que irrumpe en las elecciones francesas.

La política griega fue patentada en Francia bajo los ornamentos esteticistas de la libertad, la igualdad y la fraternidad, sin embargo, el domingo puede ser rematada en saldos electorales a la orilla del Sena. Sí, junto a los libros de viejo; de la vieja política.

En dos semanas las proyecciones demoscópicas han volado por los aires. El cuádruple empate Macron-Fillon-Le Pen-Mélenchon está por llevar al diván a las ideologías políticas.

En enero, el favorito fue François Fillon, del partido de Sarkozy, bajo la marca de Los Republicanos. Fillon se regodeaba en la campiña electoral porque por fin la Francia de Le Pen se topaba con un competidor no radical. Así que todo pintaba una segunda vuelta Fillon-Le Pen, en la que los socialistas terminarían por apoyar al candidato de Los Republicanos. (Como ocurrió con Chirac-Jean Marie Le Pen en el 2002.)

En febrero, Fillon fue descubierto por actos de nepotismo y corrupción, lo que lo precipitó al despeñadero (tercer puesto).

En marzo, Emmanuel Macron (sin partido, pero con el movimiento mercadológico En Marche!, se consolidó como finalista de la primera vuelta junto a la fábrica de odio, Marine Le Pen.

En abril, las encuestas reflejan el ascenso de Jean-Luc Mélenchon, el Hugo Chávez de Francia. Sin partido, pero con la marca exitosa de “Francia Insumisa”, se coloca a pocos milímetros del pelotón.

Hoy lo mejor es dejar a un lado las encuestas porque la lógica política ha caído en brazos de la política emocional.

Mélenchon maravilló a los Millennials y a los hípsters con su holograma el día que se presentó como candidato. El uso de la tecnología de telepresencia le ha permitido estar en varios mítines de manera simultánea.

Hoy por ejemplo, Mélenchon estará en Dijon y seis de sus dobles lo harán en Nantes, Nancy, Clermont-Ferrand, Granoble, Montpellier y Le Part (Reunión).

Jean-Luc es un personaje culto con el suficiente sentido del humor para reírse de sí mismo: si gana, dice, llegará “la lluvia de ranas, los tanques del ejército rojo y el desembarco de venezolanos”. En sus actos de campaña se presenta sin guión escrito. Cita versos de Antonio Machado y Louis Aragon, así como parafrasea a Hugo Chávez y Evo Morales.

Su ideología es la “rebeldía”; un rasgo marginal del mapa ideológico/político pero esencial en la época de las series de televisión protagonizadas por los antihéroes.

Entre sus propuestas se encuentran romper con la Europa “liberal”; abandonar la OTAN; y acabar con la “monarquía presidencial”. Es decir, un Franxit (Francia-exit).

Mélenchon como Le Pen regresarán a los francos porque la soberanía, dicen, se la llevó el euro. Ambos son extremistas, y como tales, son similares con la excepción social. Jean-Luc está de acuerdo con la recepción de migrantes sirios, algo imposible para Le Pen.

Se acabó la ortodoxia a la francesa. El jueves habrá un debate y, hoy los candidatos no han confirmado su presencia porque simplemente no quieren representar el show que dieron cuando todos, es decir, los 11 candidatos, se presentaron hace algunas semanas ante las cámaras de televisión para intentar esbozar la mejor Francia posible. Fue un fracaso. Como fracaso es el de la política.

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