Trump no sabe contar cuentos
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May 12, 2017 |
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La caída de James Comey de la dirección del FBI destapó múltiples versiones oficiales.

Paradoja: Donald Trump ganó dos campañas por su capacidad de comunicar sus mensajes promocionales sin utilizar filtros políticos (porque carece de ellos).

Hoy y tras el caso del despido de James Comey, es la comunicación una especie de pantano sobre el que camina Trump.

Después de 60 horas de que Trump despidiera al director del FBI, la Casa Blanca no ha logrado unificar sus mensajes sobre los motivos que llevaron al presidente a tomar la decisión; no hay una versión oficial. Oficialmente existen varias versiones.

Versión sentimental: Trump aduce que Comey perdió la confianza en el seno del FBI.

Versión empresarial: el presidente reveló que Comey no estaba haciendo un buen trabajo.

Versión de la Casa Blanca: Comey faltó a la verdad durante su testificación ante el Senado. No fueron miles de correos electrónicos los que compartió Huma Abedin, asistente de Hillary Clinton, con su esposo Anthony Weiner. La investigación reveló que Abedin enviaba ocasionalmente correos con información confidencial para que su esposo los imprimiera. Se descubrió que Weiner practicaba el sexting a través de su computadora.

Versión del vicepresidente Mike Pence: el secretario de Justicia, Jeff Sessions, y su segundo, Rod Rosenstein le recomendaron a Trump despedir a Comey. Entre paréntesis, Sessions decidió inhibirse del caso de los hipotéticos vínculos de Trump con Rusia después de que mintiera ante el Senado. Ahora, de acuerdo a la versión de Pence, Sessions nunca se hizo a un lado de la investigación.

Después de las versiones comienzan a llegar los desmentidos.

El director interino del FBI, Andrew McCabe, en el Senado, dijo: “Eso no es cierto”. Comey no perdió la confianza entre trabajadores del FBI. “Comey gozaba de amplio apoyo dentro del FBI”.

Trump desmiente a Pence: “Yo iba a despedir a Comey (...) Independientemente de la recomendación (de Sessions y Rosenstein), yo iba a despedir a Comey.

Las versiones no oficiales apuntan a que a Trump no le gustó que Comey lo investigara sobre sus posibles vínculos con Rusia. Algo más: al presidente tampoco le gustó que el director del FBI no apoyara la tesis del espionaje de Obama a la Torre Trump.

Trump no logra unificar los mensajes de su gobierno por dos razones: la ausencia de un rasgo institucional en su persona y las filtraciones.

Trump no ha logrado salir de las emociones que le provocaron sus dos victorias electorales. Una prueba son las dos cuentas de Twitter que mantiene. Sabe que la exitosa es @realDonaldTrump, y que la “aburrida” es @POTUS.

Al despedir al director del FBI que lo investigaba, Trump revela que le crecieron los enanos. Nunca supo manejar la crisis que detonó la llamada telefónica entre Michael Flynn y Sergei Kislyak el jueves 29 de diciembre. El día en que Obama marcó un ultimátum de 72 horas a diplomáticos rusos para que abandonaran Estados Unidos. Trump lo pudo hacer. Por ejemplo, avisando a Obama que su equipo entraría en contacto con diplomáticos de varias partes del mundo para preparar un análisis prospectivo sobre su estrategia diplomática.

A Trump le interesa mentir, no contar cuentos.

@faustopretelin

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