Panorámica del descontento social
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Sep 13, 2013 |
20:56
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Común y Corriente
Rubén Martín
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El antagonismo social cada vez es más transparente en México. El mundo del gobierno, la clase política profesional y de los grandes medios está cada vez más lejano de un país inconforme, molesto y rebelde ante las políticas y medidas que se les imponen desde arriba.

No es un panorama enteramente nuevo en el país, pues el antagonismo social siempre existirá en un sistema social fundado en la expropiación del trabajo y el reparto desigual de las riquezas socialmente producidas. Lo que es nuevo es la extensión de la protesta y la transparencia del antagonismo.

Las cifras negativas que entrega Enrique Peña Nieto en su 1º informe de gobierno confirman la crisis en la que se encuentra el país. No es sólo que el modelo de apertura comercial y desregulación salvaje no esté funcionando; tampoco parecen funcionar ya las mediaciones políticas en el actual sistema político.

Cada vez más amplios sectores de la población no se sienten representados en los gobiernos, partidos o políticas estatales.

Así se puede observar con una breve panorámica de los conflictos sociales que hay a lo largo y ancho de todo el país. El conflicto social sigue presente con los pueblos originarios de este territorio, desde los yaquis de Sonora a los pueblos mayas de Chiapas, pasando por el pueblo wixárica y purépecha. Los testimonios vertidos por los representantes de los pueblos indios en San Cristóbal de las Casas a mediados de agosto revelan una ataque sistemático, despojos y agresiones en contra las comunidades indígenas de todo el país.

La Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA) ha documentado más de 300 conflictos socio-ambientales, denominación que incluye a pueblos, comunidades, barrios u organizaciones que enfrentan proyectos industriales contaminantes, basureros municipales, acelerada contaminación por empresas mineras, o proyectos de infraestructura de gobierno (como presas, autopistas, aeropuertos o instalaciones gaseras) que afectan ostensiblemente sus territorios y sus comunidades. Hay comunidades, como las de El Salto y Juanacatlán, que tienen más de dos décadas denunciando la grave contaminación del río Santiago en Jalisco, sin que a la fecha se ponga remedio a esta grave situación.

La emergencia pública de las policías comunitarias o autodefensas en catorce entidades del país, especialmente en Guerrero y Michoacán, es otra componente relevante del panorama social de crisis que existe en el país.

A estos conflictos sociales se debe sumar las recientes movilizaciones magisteriales y en contra de la reforma energética, el movimiento de los afectados por la violencia y las desapariciones, los trabajadores del SME, los aspirantes rechazados a las universidades públicas, las 1,500 comunidades campesinas que se oponen al maíz transgénico, y los cientos o miles de movimientos sociales que no son registrados en la prensa, que caminan en silencio, como dicen en el sur.

Es en suma un (breve) panorama de conflicto social cuya característica principal es que ya no puede ser mediado por los gobiernos y los partidos, a veces porque los gobiernos no pueden o no quieren, o a veces porque los propios movimientos sociales ya no quieren nada con gobiernos y partidos. En ese evidente y profundo desencuentro entre el México oficial y el México de abajo, hay una fractura social que sin duda va a determinar el futuro político del país. El resultado de ese desencuentro el que definirá el futuro del país, no las la nueva tanda de “reformas estructurales” propuestas por el gobierno.

rubenmartinmartin@gmail.com
Twitter: @rmartinmar

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