4 meses sin 43
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Ene 28, 2015 |
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Común y Corriente
Rubén Martín
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Nos siguen faltando 43 normalistas y más de 23,000 personas desaparecidas en México, pero al Estado le sobran inconformes en las calles.

En esta tensión creciente se cumplieron cuatro meses de la masacre de Iguala que dejó seis asesinados y 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.

El lunes pasado, al cuarto mes, cientos de miles de personas en México y el mundo salieron a la calle en la octava acción global de solidaridad con Ayotzinapa, y sin duda el tamaño de la movilización sigue sorprendiendo al Estado y a sus aliados.

Al Estado le urge cerrar ya el caso Ayotzinapa, necesita desaparecer de los medios de información comerciales la voz de las víctimas, el dolor y la rabia de los padres, la dignidad de los normalistas sobrevivientes, las protestas exigiendo la presentación con vida de los desaparecidos en Guerrero y muchos estados del país.

Por eso no debe sorprender la estrategia que el gobierno de Peña Nieto, sus aliados políticos de la oposición, medios comerciales y empresarios han echado a andar justo al cumplirse cuatro meses de la desaparición de los normalistas.

Es una acción concertada: por un lado, sectores empresariales exigiendo un endurecimiento en el trato a las protestas y a los manifestantes; de otro lado, una cobertura cada vez más parcial hacia el gobierno de los medios comerciales; un cierre de filas de dirigentes de la oposición con el gobierno: el presidente del PRD, Carlos Navarrete, dijo que quienes llaman a no votar están promoviendo un “golpe de Estado blando” y pidió al presidente y al INE a evitarlo.

La estrategia del Estado se cerró el martes 27 de enero con tres acciones: un nuevo mensaje de Peña Nieto pidiendo a los familiares y víctimas dar la vuelta a la página, resignarse: “El dolor no puede dejarnos atrapados. No podemos quedarnos ahí”, dijo como si de verdad entendiera lo que es tener un hijo desaparecido. Más tarde, el procurador Jesús Murillo Karam envió un mensaje de ruptura a los padres de los normalistas: sus hijos están muertos y calcinados. Mientras la Policía Federal, el Ejército y la Marina se desplegaron en las casetas de cobro de la autopista México-Acapulco para impedir manifestaciones.

La estrategia está clara: dar carpetazo al caso Ayotzinapa; tratar de convencer a la población de que su versión es definitiva (a los padres jamás los van convencer). Tanto el discurso como las acciones encaminadas a dar el carpetazo, se van a intensificar y eventualmente se montarán provocaciones para reprimir.

Les urge cumplir con esta estrategia para, supuestamente, cerrar esta página, dar carpetazo y volver a la “normalidad”. ¿Cuál es esa normalidad? La “normalidad” que pintaba Peña Nieto hace cinco meses, de un México abierto a la inversión privada, dispuesto a mover el país al ritmo de los inversionistas, es decir, la normalidad del capital, que necesita no sólo de carretas y calles despejadas, sino de masas controladas para el trabajo.

Pero el México de esa “normalidad” ya no existe, ni existía antes salvo en los discursos y propaganda oficial. Lo que existe, a cuatro meses de la masacre de Iguala, es una sociedad tocada y revolucionada por la desaparición de 43 normalistas y miles más en este país. Es un movimiento de insubordinación que ha dejado de creer en el régimen y que no aceptará pasivamente este llamado a dar la vuelta la página y volver a la “normalidad” de los negocios capitalistas, como si nada hubiera pasado. Sí ha pasado, y mucho.

Twitter: @rmartinmar

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