Bonos de Pemex, ¿por qué tardan tanto?
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Feb 14, 2010 |
23:40
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Al que ha perdido a su padre, se le llama huérfano… al que ha perdido a su esposa, viudo, ¿cómo se le llama al que ha perdido el tiempo?, se pregunta Jaime Sabines. Su poema viene a cuento por los bonos ciudadanos de Pemex.

El presidente Calderón los anunció en abril de 2008. El Congreso aprobó la reforma que los hacía posibles en octubre de ese año. Un año y cuatro meses después siguen siendo una buena idea no realizada.

Los bonos ciudadanos de Pemex estaban diseñados para ser un mecanismo complementario de financiamiento para la paraestatal. La secretaria Georgina Kessel hablaba de 5 mil millones de pesos en una primera etapa y el senador panista, Gustavo Madero mencionó una cifra de 20 mil millones de pesos.

El asunto va más allá de lo puramente financiero. Lo importante es que se trata de usar un instrumento que captará recursos y, al mismo tiempo, reforzará la rendición de cuentas de Pemex. La secretaria Kessel enfatizó el papel que estos bonos podrían desempeñar en torno a la mejora del gobierno corporativo. El hecho de que miles de mexicanos tengan títulos de Pemex los convertiría en los vigilantes más celosos del desempeño de la mayor empresa de México.

Las autoridades se refieren a los casos de Brasil, España e Israel, para describir su plan. El ejemplo de Ecopetrol en Colombia también es pertinente. Allá se puso a la venta 20% de la compañía petrolera y se diseñó un esquema de ventas que utilizó 2,500 puntos de venta, entre ellos bancos y supermercados. Cada comprador podía adquirir un mínimo de mil acciones, por un valor equivalente a 700 dólares. Contaba con un plazo de 12 meses para pagar. El máximo de títulos que una persona podía comprar tenía un valor equivalente a 35 mil dólares.

En Colombia el tiempo que pasó desde el anuncio de la venta de los títulos de Ecopetrol y su lanzamiento al público fue de un poco más de un año. Lleva dos años operando y hasta ahora ha convertido a 460 mil colombianos en accionistas de su empresa petrolera.

En México llevamos catorce meses y contando. La Secretaría de Hacienda explica a El Economista que se utilizará para la venta la red de sucursales de correos más la infraestructura de los supermercados. La idea es magnífica, pero preocupa la indefinición respecto al tiempo.

Se habla de que el lanzamiento será a fines de 2010, pero no queda claro por qué tarda tanto.

¿Es un problema de visión o de ejecución? Se trata de uno de los aspectos de la reforma energética que implica más beneficios y menos efectos secundarios, pero no se materializa, ¿Será que las autoridades están esperando que el tema se politice y alguien lo descarrile?

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