El trabajo en el hogar vale 23.7% del PIB

Hablemos de cosas importantes: cuidado de niños; atención de los enfermos en la casa; preparación de alimentos; lavado de trastes; limpieza de la vivienda y mantenimiento del hogar. No se rían. Estamos hablando del Trabajo Doméstico no Remunerado, uno de los grandes motores del PIB y un factor imprescindible de la calidad de vida.

Todo ese trabajo no existe para las grandes cifras de la contabilidad nacional. Eso no quiere decir que no sume: el trabajo no remunerado del hogar es el gran soporte de la actividad económica. Sin esas tareas no sería posible la investigación y desarrollo; la alta política o la innovación en sectores como las finanzas, el comercio y la industria.

Si se le asignara un valor económico, sería mayor que la fortuna de Carlos Slim. Equivale al 23.7 por ciento del PIB, según calcula la investigadora María Eugenia Gómez Luna. Sería 6 veces mayor que la aportación de la agricultura; quince veces superior a la minería; 25 por ciento más grande que el PIB manufacturero y un poco mayor que la suma de lo que producen hoteles, restaurantes y comercio.

Más allá del plano económico, esta actividad tiene que ver con el desarrollo de capacidades y con la creación y el cultivo de las relaciones humanas. Sin la presencia de este trabajo, los niños no podrían desarrollar capacidades y los adultos tendrían dificultades para mantener o desarrollar las suyas. La sustentabilidad de nuestra sociedad depende, mucho más de lo que reconocemos de estas actividades invisibles.

¿Por qué nos ocupamos hoy, 8 de marzo, del Trabajo Doméstico no Remunerado? Porque es el Día Internacional de la Mujer y en México la mayor parte del trabajo no remunerado en el hogar lo hacen las mujeres: 83 por ciento, de acuerdo a los datos que se derivan de la Encuesta del Uso del Tiempo. La única actividad donde los hombres llevan una carga mayor que las mujeres es en la reparación y mantenimiento del hogar. En la realización de trámites y pagos el esfuerzo es similar. En la preparación de alimentos y en el lavado de los trastes el desnivel es el más elevado: 92 por ciento.

No se trata de minimizar lo que las mujeres están haciendo en otros campos:

negocios, cultura, deporte, política y ciencia. De eso se está hablando cada vez más y eso es excelente. El problema es que poner los reflectores sólo ahí podría generar la ilusión de un progreso social que no se está dando a la velocidad requerida. En Estados Unidos, el 38 por ciento del trabajo doméstico lo hacen los varones y en Canadá, el 37 por ciento.

La mayor parte de las mujeres que están triunfando en el mercado laboral remunerado llega a casa a completar la doble jornada. Eso implica semanas de 80 o 90 horas. Al año, una mujer mexicana dedica 444 horas a preparar comida, 376 a limpiar la vivienda y 263 al cuidado directo de los miembros del hogar, según Gómez Luna.

El trabajo doméstico no remunerado es una de las grandes incógnitas del valor de la actividad económica. Medirla es un primer paso. Incorporarlo en las políticas de desarrollo económico social es el gran reto. Feliz día de la mujer.

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