No hay camisa de fuerza para Wall Street
Estados Unidos acaba de aprobar la mayor reforma al sistema financiero desde la década de los treinta. No está claro si es una buena noticia. Los partidarios de una regulación más estricta para Wall Street critican la ausencia de dientes y garras en la nueva ley. Los liberales advierten acerca de los riesgos de sobrerregulación.
El hecho de que sea la mayor reforma en siete décadas y que el documento conste de 2,315 páginas no quiere decir que se trate de una ley muy ambiciosa. El Senado estadounidense no se atrevió a ir a fondo. Dejó fuera la posibilidad de poner un techo al tamaño máximo de las instituciones financieras; tampoco define con claridad los límites a la “creatividad” destructiva, y deja intactas las reglas de funcionamiento de las grandes empresas públicas financieras de Estados Unidos: Fannie Mae y Freddie Mac.
No todo es paja. Aprobó la creación de una agencia de protección de los consumidores de servicios; pone en marcha un comité de riesgo sistémico, integrado por los organismos reguladores; incrementa los controles de las agencias calificadoras, y fija nuevas reglas de clasificación de los derivados en los balances de los bancos.
Barack Obama se congratula de haber logrado un triunfo legislativo, porque obtuvo una mayoría de 60 votos contra 39, con lo que garantiza una vía rápida de implementación de los cambios. Más allá del éxito en el Capitolio, la reforma tiene un problema entre la población abierta: tres cuartas partes de los estadounidenses, encuestados por Bloomberg, no creen que la reforma servirá para prevenir una nueva crisis ni hará una gran diferencia en cuanto a protección de usuarios del sistema.
Obama se encuentra con un problema de comunicación. El ciudadano de la calle piensa que está siendo demasiado blando con las grandes empresas y, en especial, con el sector financiero. Le critican las toneladas de dinero que se han destinado al rescate de los grandes bancos y hasta el manejo del derrame de BP.
Entre la comunidad de los hombres de negocios crece la percepción de que la Administración de Obama es antibusiness. Así lo han expresado de manera incisiva en los últimos días. La Business Roundtable (una versión norteamericana del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios) ha manifestado su preocupación por las declaraciones de Obama en torno a los banqueros y el sector petrolero.
La Obamanomics está en crisis. Hace dos años había una enorme confianza en su propuesta de renovación de la política económica. Parecía fácil mejorar ampliamente el desempeño de las administraciones republicanas. Ahora no está tan claro. El mandatario de Estados Unidos se ha colocado en un justo medio que no deja satisfecho a nadie.
La implementación de la reforma al sistema financiero aprobada ayer será una de las últimas oportunidades que tendrá el presidente Obama de demostrar que su propuesta tiene sustancia, más allá de una bella retórica. Enfrenta el reto de hacer que funcionen los mecanismos de protección a los usuarios de la banca y los límites a la avaricia de Wall Street, sin quitarle competitividad. ¿Podrá hacerlo? Hace un año y medio muchos pensábamos que sí. Ahora sólo nos queda otorgarle el beneficio de la duda.






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