¿Se justifica el optimismo de Cordero?
Ernesto Cordero mantiene su pronóstico de crecimiento para México en el 2011. Será 4.3%, pese a las dificultades económicas globales, confía el Secretario de Hacienda. Se le vio optimista en Jalisco, donde hizo esta declaración. Tan optimista, que nos obliga a preguntar: ¿se justifica su optimismo a la luz de los acontecimientos recientes?
El mundo ha cambiado brutalmente en los últimos dos meses porque algunos de los escenarios más pesimistas se han materializado. Los mercados financieros se mueven al ritmo de una incertidumbre donde resuena algo del terrible 2008. No bastan los acuerdos multimillonarios para calmarlos. El oro rompe récords porque los inversionistas desconfían del dólar, el euro y los bonos gubernamentales. El petróleo marca un descenso, donde se refleja la desaceleración de la actividad manufacturera a escala global: Estados Unidos, China y Alemania, las fábricas del mundo, registran sus niveles más bajos de crecimiento industrial desde el 2009.
Muchas cosas han cambiado. El optimismo de Ernesto Cordero no es una de ellas. El funcionario confía en que la economía mexicana crecerá más de 4% en el 2011 y argumenta su pronóstico con tres o cuatro pinceladas: el cálculo original de crecimiento para México era conservador; las finanzas públicas están fuertes; no hay grandes vencimientos de deuda, y las reservas de divisas del Banco de México están en máximos históricos.
Las razones del Secretario son suficientes para justificar un escenario de estabilidad. México ha tomado las decisiones para prevenir una catástrofe financiera, como la que viven los PIIGS. Estas razones no bastan para explicar un crecimiento económico importante en el segundo semestre del 2011. Estados Unidos ha entrado en una fase de crecimiento mínimo y eso traerá un enorme impacto en la economía mexicana. México creció 4.6% en el primer trimestre y 3.5% en el segundo. Para lograr 4.3% que pronostica Cordero, deberíamos crecer más de 4.5% en cada uno de los dos trimestres que le faltan al 2011. Se ve difícil, casi imposible.
Necesitamos que los consumidores estadounidenses mantengan niveles altos de gasto y que la industria de los vecinos sostenga en buen nivel sus órdenes de pedidos. Estas dos cosas han dejado de ocurrir. Los consumidores registraron en junio el primer declive en su gasto desde el 2009. El índice manufacturero muestra señales de fuerte desaceleración.
¿Podrá México salir ileso si Estados Unidos cae? No. El que lo dude, que revise lo que pasó hace dos años. México sigue siendo inmunodeficiente. Si a Estados Unidos le da gripa, a nosotros nos pega algo más que un catarrito, como bien lo sabe el doctor Carstens.
La economía de Estados Unidos está en un riesgo real de estancarse o caer en recesión. El acuerdo para reducir el déficit complicará el escenario por una razón simple: el gobierno no podrá inyectar recursos a la economía, como lo hizo en el 2009 y el 2010. No podrá compensar la baja en el gasto de los consumidores, que representan dos tercios del PIB.
Ernesto Cordero está optimista; para ser más precisos, es optimista. ¿Se justifica su optimismo? Los datos económicos nos dicen que no, pero no podemos dar por concluido el tema. Queda la posibilidad de que el Secretario sepa algo que los demás no sabemos. Quizá se haya guardado una buena noticia. Si esto es así, es tiempo que nos la comparta.
lmgonzalez@eleconomista.com.mx






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