¿Qué hacemos 
con el salario mínimo?
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Ago 8, 2014 |
0:53
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Se necesita un acuerdo político parecido al que se puso en marcha en los ochenta para congelar y pulverizar los salarios mínimos. Similar, pero en sentido contrario.

En diciembre del 2013 el salario mínimo subió 3.9 por ciento. Esto implicó un avance de 0.28% respecto a la inflación oficial para todo el año pasado. A este paso se necesitarían 250 años para restituir al salario mínimo el poder de compra que tenía en 1985. En tres décadas ha perdido 70% de su valor.

¿Qué hacemos con el salario mínimo? La cuestión tiene que ver con 6.7 millones de personas que perciben ese ingreso y con todos los demás mexicanos que convivimos con esto. El salario mínimo son 67.29 pesos en el Distrito Federal y hasta cuatro pesos menos en otras zonas del país. Con esa cantidad no alcanza ni siquiera para comprar un combo de Mc Donalds: hamburguesa, refresco y papas fritas valen 70 pesos.

“No se debe politizar el debate del salario mínimo”, advirtió el subsecretario del Trabajo Rafael Avante, durante la inauguración del Foro convocado por Miguel Ángel Mancera. Tengo la esperanza de que las palabras del subsecretario Avante hayan sido sacadas de contexto. Me resisto a pensar que el funcionario pretenda que el debate de los salarios mínimos sigue siendo un asunto de claustros académicos o un tema dominical, para discutir en familia o después de la homilía, con el sacerdote.

Tengo dudas de que Miguel Ángel Mancera cuente con el músculo político suficiente para llevar el debate sobre el salario mínimo a un terreno fértil. Es elocuente el vacío y/o críticas que le hicieron los organismos empresariales, legisladores y tecnócratas. De cualquier modo, le reconozco un mérito por intentarlo y poner algo de su capital político en este asunto. Se necesita la voluntad presidencial para impulsar un acuerdo político para dar un golpe de timón respecto al minisueldo. Parecido al acuerdo que a mediados de los ochenta se puso en marcha para congelar y pulverizar los salarios mínimos, volverlos un ancla contra la inflación y un argumento de competitividad en los mercados internacionales. Entonces lo decidieron entre políticos, dirigentes sindicales, empresarios y expertos en economía. Necesitamos un acuerdo parecido, pero de signo contrario.

No es un asunto fácil. Estamos atrapados en una inercia donde parece que se debe mantener lo que se ha venido haciendo, aunque el resultado sea grotesco: trabajadores pobres y mercado interno estancado. La productividad es baja y está estancada. ¿Cuánto mejoraría si los trabajadores tuvieran dinero para nutrirse mejor?

No puede subirse el salario mínimo por decreto. Hay riesgos inflacionarios e incluso problemas potenciales para las empresas que pagan bajos salarios porque tienen muy baja productividad. Tampoco podemos dejar que las cosas sigan así: pocas cosas son tan injustas como trabajar 8 horas y que eso no alcance para sobrevivir. De acuerdo a la Cepal somos el único país de la región donde este sueldo queda 33% por debajo de la línea de subsistencia.

Somos el segundo país más rico de América Latina en riqueza absoluta, pero tenemos el salario mínimo más bajo de la región, junto con Haití. El salario mínimo de México es doce veces menor al estadounidense, tres veces menor al chileno y 80% inferior al venezolano.

Necesitamos realismo, imaginación y talento para encontrar solución al dilema del salario mínimo. Es un asunto político, porque se requiere un acuerdo del más alto nivel para romper la inercia. ¿Por qué no le dedicamos una décima parte del tiempo que le damos al futbol o la farándula?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

2 Comentarios
Comentarios
Edgar Martínez (no verificado)
Agregado:
8 Ago 2014 |
12:26 PM

El tema del salario mínimo, no tiene en realidad un trasfondo económico, ya que el sueldo se determina por la productividad. Al tener una productividad tan baja, los sueldo son en consecuencia bajos. No porque por decreto se suba el salario mínimo, la gente produce más. Un salario mínimo más alto establecido por decreto, lo único que significa es un desequilibrio entre oferta y demanda laboral, que lo único que generaría sería más empleo informal, "para no pagar el nuevo salario".Suena muy bonito políticamente "vamos a subir el salario mínimo"; pero lo único que subiría el poder adquisitivo real es personal verdaderamente capacitado, con hábitos de generación de riqueza, ahorro e inversión. Sin embargo esto no suena bonito políticamente.
La única lectura consistente del cambio al salario mínimo, es que los cobros que hace el gobierno de la Ciudad de México, los hace en salarios mínimos vigentes y por lo tanto aumentaría su recaudación, sin nuevamente, tener un gobierno más productivo; tal como sucedió con el argumento para aumentar el precio del metro.

Jesus Perez (no verificado)
Agregado:
11 Ago 2014 |
15:32 PM

Edgar,

Difiero un poco en tu aseveración de que la productividad determina el salario. Este tema es un ejemplo más de la paradoja de la gallina y el huevo. Debe haber una relación de equilibrio. Hay gente que gana mucho dinero -como políticos o funcionarios públicos, aunque el ejemplo sea muy radical- y no producen nada legislativamente o cumpliendo metas de servicio a los contribuyentes. Lo mismo pasa con muchos profesionistas especializados en empresas privadas.

Un ejemplo más crudo es el de los campesinos o albañiles. Trabajar 8 horas, a veces sin maquinaria, haciendo un esfuerzo físico impresionante que muchos no toleraríamos ni media hora, cumpliendo o excediendo la productividad promedio porque la constructora o el mercado así lo exigen...¿por 60 o 70 pesos diarios? También me parece curioso que sugieras como posible solución que lo que aumentaría el poder adquisitivo es personal bien capacitado, que ahorre e invierta. Mi pregunta es ¿qué propondrías para lograr que alguien ahorre, invierta y se capacite, ganando solo 60 o 70 pesos diarios? Eso sonó a palabras del anterior Secretario de Hacienda. Yendo más allá, y siendo serios, la mayoría de las empresas difícilmente invierten en capacitación de los trabajadores que ganan el mínimo, los de menor nivel en la organización sin importar el tamaño de la misma; y a la vez, exigen personal bien capacitado durante las contrataciones. Es contradictorio.

Por otro lado, si el salario subiera por decreto, miles de personas caerían en cartera vencida debido a los créditos hipotecarios que tienen contratados con el Infonavit, por ejemplo.

Coincido con el columnista en que es un problema complejo que involucra a muchas partes en la toma de decisiones y acciones, y será muy difícil lograrlo.

Un saludo cordial.

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