México ganó batalla clave en el TLC, pero...
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Abr 28, 2017 |
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Donald Trump es voluble y los aliados circunstanciales de México no están ganados definitivamente.

Donald Trump estuvo muy cerca de firmar la orden ejecutiva para sacar a Estados Unidos del TLCAN. El documento se presentaría el día 100 de la administración Trump, como una prueba de la capacidad del presidente para cumplir sus compromisos de campaña. Cambió de opinión por motivos desconocidos, aún. Fue pragmático, dicen aquellos que aún respetan al mandatario. Reiteró la inconsistencia que lo caracteriza, pensamos aquellos que no simpatizamos con ese hombre. En cualquier caso, una cosa es clara: para decodificar sus decisiones comerciales, se necesita un psiquiatra, además de un economista y un politólogo.

La rectificación es leída por los medios estadounidenses como una derrota del bando nacionalista de la Casa Blanca, que encabeza Stephen Bannon, y en el que participa, en asuntos económicos, Peter Navarro, el consejero de Política Comercial, que opera como “escéptico en jefe” en materia de Libre Comercio y relaciones económicas internacionales.

Entre los ganadores se encuentra el Gobierno de México, junto con algunos de sus aliados en Estados Unidos: el grupo partidario de la apertura comercial en la Casa Blanca, entre ellos el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el economista en jefe de la administración, Gary Cohn, además del yerno presidencial, Jared Kushner.

El Gobierno de México gana porque se elimina, de corto y mediano plazos, la posibilidad de que Estados Unidos abandone el TLC. Esto ofrecerá la oportunidad de reducir el nerviosismo, mientras se celebran las negociaciones. Gana también porque pierde el grupo que, en la Casa Blanca, ha demostrado hostilidad hacia México. El que este “incidente” propiciara un mayor acercamiento con Canadá no debe menospreciarse. El país de la Hoja del Maple es, cada vez más, un aliado de México en la renegociación del NAFTA. Basta recordar que hace apenas dos meses, los canadienses estaban definiendo una estrategia de negociación bilateral con Estados Unidos, “para que los problemas de México no contaminaran su diálogo”.

El triunfo de México en la jornada del 26 de abril es rotundo, pero parcial. Queda mucho por delante. México debe tener cuidado con no subestimar a los enemigos del NAFTA en Estados Unidos, me advertía el consultor en comunicación estratégica, Jim Meszaros: “Son poderosos, tienen muchos recursos económicos y gran capacidad técnica para el manejo de los mensajes en medios convencionales y en redes sociales”.

El final “feliz” del miércoles 26 no debe implicar la ignorancia de las lecciones aprendidas en ese intenso día: el presidente Trump es voluble y no se puede confiar en su palabra; los aliados circunstanciales de México no están ganados definitivamente. Hay mucho trabajo por hacer en materia de construcción de una imagen positiva de México y el TLC en Estados Unidos. Los estereotipos negativos predominan en la opinión que el estadounidense promedio tiene de México. El Tratado de Libre Comercio es algo que el ciudadano promedio no entiende y piensa que es un asunto que beneficia principalmente a las grandes corporaciones.

En Estados Unidos, el NAFTA es más un asunto político que comercial, me explicaba Meszaros. A la gente allá no le importan las grandes cifras, sino lo que pasa en su comunidad. El esfuerzo de convencer no debe descuidar la Casa Blanca, pero debe ir donde están los focos rojos. ¿Podrá? ¿Querrá?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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