El doctor Macron vs la enfermedad francesa
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May 10, 2017 |
1:08
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Macron ha prometido adelgazar al estado francés y flexibilizar el mercado laboral. Esto lo han intentado, todos los presidentes franceses desde hace 30 años...

Los franceses eligieron a Emanuel Macron por muchas razones: para detener a Marine Le Pen; porque es un político no convencional; para seguir en la Unión Europea y, sobre todo, porque creen que será capaz de producir un milagro: implementar las reformas que revivirán la economía francesa sin romper un “pacto” social del que los franceses se sienten muy orgullosos.

La economía francesa lleva años en territorio zombi, con un crecimiento del PIB promedio inferior a 1% en la última década. A principios de este siglo, cuando las monedas y billetes del Euro empezaron a circular, Francia y Alemania tenían un desempeño económico similar, con una tasa de desempleo de 8 por ciento. Desde el año 2000, la economía alemana ha crecido 20 puntos porcentuales más que la francesa. Ahora el desempleo en Alemania es de 3.9% y en Francia, 10.1 por ciento. Hay 3.5 millones de personas en paro.

En la última década, Francia es la economía que menos ha crecido de la UE, con excepción de Italia. Los diagnósticos abundan, pero dos factores predominan: la obesidad del Estado francés y la rigidez del mercado laboral. El Estado francés se “traga” 57% del PIB, más que ningún otro. Da empleo a una cuarta parte de la población activa. Para financiarse, cobra una tasa de 33% a las corporaciones y un impuesto de 43% al trabajo. Como la economía no crece, los impuestos no alcanzan y recurre al endeudamiento, además de caer en déficit mayor a 3% desde el 2007. La deuda pública es 96% del PIB. Asciende a más de 2 billones de euros. Si está bajo control es porque las tasas de interés están en niveles cercanos a cero. Aun así, la deuda francesa crece a un ritmo de 2,665 euros por segundo.

Decir que el mercado laboral francés está agobiado por la sobrerregulación es quedarse corto. El código laboral consta de 3,000 páginas. Otorga el derecho a la semana laboral de 35 horas y produce una edad de jubilación promedio de 62 años. Es difícil despedir a los trabajadores contratados, pero es mucho más difícil contratar nuevos trabajadores. En promedio, un trabajador francés sin empleo tarda 580 días en conseguir un trabajo.

Macron ha prometido adelgazar al Estado francés y flexibilizar el mercado laboral. Esto lo han intentado, antes que él, todos los presidentes franceses desde hace 30 años. Todos fracasaron, incluyendo François Hollande, que puso en marcha un plan Macron para reactivar la economía. Emanuel Macron confía en hacerlo, a pesar de su inexperiencia o quizá a causa de ella. Pretende bajar los impuestos a las empresas desde 33% hasta 25% y quiere crear una bolsa de 50,000 millones de euros en cinco años para dinamizar la economía. En contra tiene la inercia, el poder de los sindicatos y la resistencia al cambio de una gran parte de la sociedad francesa: dos tercios se oponen a cambios a la legislación laboral y una proporción similar rechaza dar incentivos adicionales a las empresas.

Emanuel Macron será el jefe de Estado francés más joven desde Napoleón Bonaparte. Su base de apoyo principal está en el establishment financiero y político, pero eso no le bastará: deberá sumar a los jóvenes hartos, si quiere hacer cambios profundos. Francia es uno de los principales semilleros de startups, pero es también el país número 86 en capacidad para atraer y retener gente talentosa, según el ranking de competitividad del WEF. ¿Podrá hacer omelette sin romper huevos?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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