Liderazgo con visión amplia y de conjunto
CREDITO: 
Roberto Arechederra

En la Cumbre del Cambio Climático (COP21), realizada recientemente en París, Francia, los líderes del mundo acordaron seguir luchando para disminuir la generación de gases de efecto invernadero; cada país deberá generar un mapa de acciones alineado con el objetivo de reducir los incrementos de temperatura y contaminación.

Lo anterior, en el sentido de que no podemos ignorar los retos que traen consigo el capitalismo y el tan devaluado concepto denominado democracia, así como por la situación de pobreza y hambruna en diversas partes del mundo; la violencia generada hacia grupos vulnerables y el olvido de que, al final, tarde o temprano, nuestras acciones impactan a esta aldea que habitamos llamada Tierra.

Y haciendo un zoom en el mapamundi, nos acercamos a México, donde tenemos muestras de todos esos problemas, destacándose la necesidad de una llamada de atención para que empresarios, gobernantes, familias, estudiantes, docentes y la sociedad en su conjunto reflexionemos en torno de lo que tenemos y debemos hacer para que nuestra nación sea mejor.

Es importante caer en la cuenta de que no es suficiente lo que hasta ahora hemos hecho; por mucho o poco que esto sea o parezca, no se ha logrado elevar el nivel de vida de nuestra nación. Debe ser un esfuerzo de todos, donde la responsabilidad social vaya más allá de un concepto meramente publicitario.

Las tradicionales enseñanzas de las escuelas de negocios, donde se afirma que el objetivo de la empresa es crear valor para los accionistas, por no decir riqueza, reflejan sólo una parte de lo que cualquier organización con fines de lucro debe perseguir.

Hoy por hoy, las empresas también deben luchar por mejorar su entorno; en otras palabras, deben buscar generar un valor social agregado.

Nuestro mundo, nuestro país, nuestro entorno necesitan que las nuevas generaciones de empresarios se comprometan a generar esos cambios positivos que lleven a un nuevo modelo económico. Hemos entrado a una era donde es más importante dialogar y escucharnos, identificar los intereses comunes y encontrar nuevas formas de construir el futuro. Los objetivos de largo plazo de todas las organizaciones deben tener una visión amplia y de conjunto, una visión de liderazgo que permita sumarse de manera comprometida a todos los cambios. Un líder debe tener propósitos altos, retadores e inspiradores, de manera que las personas quieran seguirlo y se comprometan en la tarea, en la misión que se hayan propuesto. Este concepto va más allá de la remuneración económica, tiene más que ver con el afán de éxito y triunfo que todas las personas tienen.

Los empleados, y por qué no decirlo, los ciudadanos, seguirán a líderes que promuevan esos cambios decididos que se requieren, dejando de lado las banderas ideológicas y políticas y esgrimiendo de una vez por todas, la del bien común.

Y bajo este contexto, es como el IMEF actualiza su “Código de Conducta y Ética Empresarial”, donde sus asociados se comprometen a combatir la corrupción en todas las facetas en que participan, construyendo así un mejor entorno para los negocios y para los individuos en su totalidad, bajo las premisas del bien hacer y del bien ser.

Como diría Peter Drucker, considerado el mayor filósofo de la administración, se necesita integridad en el liderazgo. El carácter es el que da ejemplo a imitar; es un factor contundente, con el cual no se puede engañar a la gente y, a través de él, los individuos se dan cuenta en poco tiempo de si la persona tiene integridad o no.

Vicepresidente de Contenidos del Consejo Técnico IMEF

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