En defensa del impuesto a la gasolina
Verde en Serio
Gabriel Quadri de la Torre
Ingeniero Civil, Economista, Ambientalista, Badmintonista
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CREDITO: 
Gabriel Quadri de la Torre

Es verdad, hay indignación contra la corrupción y la impunidad, y frustración por la marcha precaria de la economía, aunadas a la incertidumbre y miedo que provocan las agresiones de Trump sin que México tenga todavía una estrategia de respuesta. También es verdad que todo nuevo impuesto genera recelo y rechazo y desconfianza entendible, sobre todo cuando no se cuenta con un Estado eficaz y esbelto que ofrezca bienes públicos de calidad, y cuando gobernadores que han saqueado al erario eluden cínicamente a la justicia. Todo esto es comprensible y debe ser atendido y resuelto. Pero eso no debe anular o deslegitimar la introducción de nuevos instrumentos de política que son estratégicos e indispensables para lograr tanto objetivos de viabilidad fiscal y de inversión pública, como de sustentabilidad ambiental y urbana y de lucha contra el cambio climático. Tal es el caso del nuevo impuesto a la gasolina.

El Estado mexicano tiene una capacidad muy limitada de recaudación, apenas 15 – 18 % del PIB, cuando que en otros países de América Latina y en países desarrollados este porcentaje oscila entre 25 y 50 por ciento. Con ello es imposible garantizar bienes públicos esenciales como educación pública de calidad, un sistema de salud confiable, infraestructura moderna y funcional, y aparatos policiacos eficaces, por ejemplo. Se explica por la extensión gigantesca de la informalidad, que supera a 55% de la población económicamente activa, y que no paga ISR y ni en buena medida el IVA. Hoy, que se derrumban los ingresos petroleros por precios débiles y contracción ineluctable en la producción. Ante ello, una opción es más endeudamiento, algo insostenible y desaconsejable. Otra opción es elevar el ISR, algo injusto y confiscatorio para trabajadores y empresas que son contribuyentes cautivos, y que significaría anquilosar aún más a la economía castigando el trabajo, la inversión y el empleo; a todas luces irracional. Una más es generalizar el IVA a alimentos y medicinas, alternativa impopular, de alcance muy restringido y socialmente regresiva. Por último está un impuesto a los combustibles automotrices. Es una verdadera bala de plata.

Desde una perspectiva fiscal, el potencial recaudatorio de un impuesto a los combustibles automotrices es enorme, su impacto inflacionario es manejable, único y transitorio. No se puede evadir, y va a obligar a la informalidad a contribuir al erario de manera ineludible. Es progresivo, ya que los que más tienen pagarán más, y tiene un bajísimo costo administrativo para las autoridades hacendarias. Es transparente y proporcional, quien más consume, más paga. Lo mejor; es un instrumento vital para una política de sustentabilidad ambiental y urbana, para abatir la contaminación, para contar con una flota vehicular eficiente, lograr ciudades compactas y con baja huella ecológica y una estructura modal del transporte que privilegie al transporte colectivo y no motorizado, y para reducir emisiones de gases de efecto invernadero en la lucha contra el calentamiento global. Desde luego, es esencial para que México pueda cumplir con los compromisos derivados del Acuerdo de París en materia de cambio climático.

Quienes exigen marcha atrás en el impuesto a los combustibles automotrices implícitamente demandan que el gobierno asuma diferencias de costo y subsidie el consumo, es decir, que favorezca a los más ricos, y que promueva el derroche energético, la degradación de la calidad del aire, la emisión de gases de efecto invernadero, la preeminencia del transporte automotor privado, y la expansión horizontal y suburbana de las ciudades, al estilo norteamericano (pero en versión lumpen).

El gobierno, inexplicablemente, ha fallado en vender el impuesto a la gasolina con argumentos sólidos y persuasivos como los anteriores. Ha fallado en pedagogía colectiva. ¿Fue soberbia o desconocimiento? Ahora paga las consecuencias.

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1 Comentarios
Comentarios
Anónimo
Agregado:
8 Ene 2017 |
21:17 PM

El autor falla en mencionar que la razón más importante por la que es insostenible continuar subsidiando la gasolina es porque el gobierno gasta como si tuviera bolsillos sin fondo. La recaudación siempre va a ser un problema si el gobierno insiste en mantener un déficit presupuestario. El gobierno NO hace las cosas mejor que la iniciativa privada y por ello nos tienen que robar nuestro salario para poder seguir existiendo. De otra forma nadie daría su dinero voluntariamente al gobierno. En pocas palabras DEJEN DE GASTAR.

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