La economía del algoritmo y la colusión
CREDITO: 
Javier Núñez Melgoza

La Cuarta Revolución Industrial está en marcha, según lo ha dicho Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial. Esta revolución se caracteriza por diversos cambios, entre ellos, el creciente uso de procesos matemáticos y computacionales que están llevando a una expansión de actividades influenciadas por la inteligencia artificial. Lo anterior significa cambios profundos en diversos ámbitos. El de la competencia económica no está al margen.

En un libro de reciente aparición, “Virtual Competition”, así como en un artículo de la Harvard Business Review, los profesores Ariel Ezrachi y Maurice Stucke desarrollan una serie de ideas en torno al impacto que en el ámbito del antitrust tendrá la expansión de la economía apoyada en el uso de algoritmos. La nueva economía conlleva el surgimiento de superplataformas, modificará el comportamiento estratégico de los agentes participantes en los mercados y posibilitará el surgimiento de discriminación basada en el seguimiento del comportamiento de los consumidores, gracias al uso del Internet de las Cosas y la expansión del big data.

En particular, el cambio tecnológico posibilitaría el surgimiento de nuevas modalidades de comportamiento coordinado, que obligarán a las autoridades de competencia a desarrollar nuevas herramientas. Hay cuatro escenarios en que la tecnología permitiría o reforzaría la colusión, tácita o explícita, que los autores identifican de la siguiente manera:

1. Escenario de mensajero, en que las personas se coluden y las computadoras son utilizadas como instrumento para ejecutar la acción. En este caso, el equipo de cómputo es utilizado como auxiliar para crear y monitorear un acuerdo colusivo.

2. Escenario centro-radial (hub and spoke), en el que algoritmos determinan el precio aplicado a diversos usuarios. Este podría ser el caso de Uber, plataforma en la que un algoritmo, con base en la información que recibe de usuarios y conductores en tiempo real, establece tarifas. A la fecha, las autoridades de competencia de algunos países han visto estos esquemas como mecanismos de fijación vertical de precios, cuya posible ilegalidad depende de la posibilidad de que la plataforma adquiera poder de mercado.

3. Escenario de agente predecible, en que no existe acuerdo explícito entre competidores. Cada empresa establece sus mecanismos para fijar precios, pero actúan como agentes predecibles, cuyo comportamiento puede ser captado y monitoreado por otros agentes, dando lugar a una dinámica de desempeño paralelo consciente.

4. El escenario más complejo es el denominado ojo digital, en el que la habilidad de las nuevas computadoras para procesar y analizar grandes volúmenes de información, junto con la creciente sofisticación de los algoritmos, los cuales pueden permitir a las computadoras cierta autonomía de decisión e incluso llegar al aprendizaje y la autoprogramación, podrán dar lugar a nuevos niveles de estabilidad y alcance de los acuerdos anticompetitivos.

Este último escenario es el que mayores dificultades entrañará para las autoridades, pues cae en el ámbito de la inteligencia artificial, el cual dista de estar regulado y nos depara innumerables retos y paradojas. Porque, ¿de quién será la responsabilidad legal de un acto colusivo efectuado por computadoras que desarrollan un comportamiento autónomo? ¿De qué manera podrán las autoridades de competencia demostrar la existencia de un acuerdo entre competidores? ¿Tendrán las autoridades la capacidad técnica para analizar algoritmos, cuando ello significa revisar cientos de miles de líneas de programación que, por otra parte, se van modificando y autoadaptando?

Todo indica que, los próximos años, seremos testigos de situaciones inéditas, en las que se pondrán a prueba las capacidades analíticas de las autoridades, los códigos de ética de empresas, usuarios y programadores, y se deberán realizar adecuaciones a fin de establecer en quién recae la responsabilidad legal del comportamiento de las máquinas. Sin duda, escenarios que habrían fascinado al gran Stanley Kubrick, creador de la versión cinematográfica de la terrorífica computadora HAL 9000.

*Ex Comisionado de la Cofece, consultor económico y profesor universitario.

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