¿Juanitos modelo 2010?

CREDITO: 
Alberto Aguirre M.

Sin menoscabo de lo que significan las victorias de los candidatos postulados, conjuntamente, por el PAN y el PRD en Puebla, Oaxaca y Sinaloa, donde se puede apreciar mejor la dimensión del potencial transformador de las coaliciones opositoras al PRI en Chiapas.

En aquella entidad, para decirlo con contundencia, ni la irrupción zapatista de 1994 detonó la redistribución del poder político logrado por las alianzas: ganaron 18 de los 24 distritos de mayoría y 62 municipios del estado gobernado por Juan Sabines.

Antes de la derrota del PRI, las dirigencias nacionales de ambos partidos pactaron un reparto justo –en la medida de lo posible– de posiciones, tanto en los órganos legislativos como en los cabildos. En algunos casos, como el chiapaneco, el PRD vio reflejada su fuerza local en el número de curules (10 de 40) y de alcaldías (34) conquistadas por los candidatos aliancistas. El contraejemplo está en Puebla, donde sólo tres de los 14 candidatos ganadores en las elecciones para diputados locales, por el principio de mayoría, tienen militancia perredista, y de los 101 alcaldes que logró colocar la coalición –además del próximo Gobernador, Rafael Moreno Valle– sólo 24 podrán ser reconocidos por el partido.

Incluso, en esa entidad se dio la singularidad de que dos perredistas –en Guadalupe y Tilapa– aparecieron en la boleta electoral registrados por Convergencia y el PAN, un par de Juanitos generación 2010.

Será el sereno. Los votos obtenidos por los candidatos aliancistas marcan un hito en la historia electoral del PAN y del PRD, y señalan el camino a seguir. Los números no mienten: en Puebla, Moreno Valle obtuvo 1 millón 25,220 votos, 10% más que su rival, Javier López Zavala.

En Oaxaca, Gabino Cué consiguió 630,361 votos, casi 9% más que el priísta Eviel Pérez. Y en Sinaloa, Mario López Valdés sumó 515,080 sufragios, 5.61% más que Jesús Vizcarra, candidato de la coalición PRI-PVEM.

En todos los casos, la fórmula resultó exitosa. Las coaliciones postularon buenos candidatos y esto se reflejó en porcentajes de participación registrados en esas entidades –58% de los empadronados, en promedio– y, por ende, en muchos votos.

“Más que a un partido”, sostiene Hortensia Aragón, secretaria general perredista, “los votantes prefirieron a figuras que dieran certeza de cambio”.

Aragón –una de las dirigentes más honestas en el PRD– acaba de presentar al Secretariado Nacional del sol azteca un balance sobre el desempeño de su partido en las 14 elecciones que tuvieron lugar el pasado 4 de julio.

El ejercicio no tiene desperdicio. Llega al punto de señalar que aun cuando los cómputos oficiales no favorecieron a los candidatos aliancistas en Durango e Hidalgo, su desempeño electoral es positivo dado el volumen de las preferencias que concitaron.

Y se censura al PT, que salvo en Oaxaca, decidió correr con candidatos propios. Por su culpa –se concluye– no hubo más candidatos aliancistas que llegaran al poder.

“La coalición pudo haber triunfado de forma contundente y sin necesidad de recurrir a los tribunales”.

Un dato adicional, reflejo demográfico de la dimensión de las alianzas PAN-PRD: en los estados que ganaron, habitan 11.8 millones de personas que ahora podrán dar testimonio de cómo es la vida pública sin el PRI en el poder estatal.

Lo más valioso del balance elaborado por la Secretaria General del PRD está en la disyuntiva que plantea, rumbo a las elecciones del 2011. Y marca sólo un camino:

El PRD debe tener como prioridad conservar las entidades que actualmente gobierna –Guerrero, Michoacán y Baja California Sur–, para lo cual se debe revisar la posibilidad de concretar acuerdos con otros partidos y diversas fuerzas sociales que tengan como objetivo el bienestar de la población.

En el resto de las entidades que estarán en juego en el 2011 –Estado de México, Nayarit, Coahuila e Hidalgo–, la política de alianzas que lleve a cabo la dirigencia nacional del PRD deberá centrarse en proponer a los mejores candidatos que puedan concitar a todas las fuerzas y actores políticos y sociales que sean capaces de aglutinar un proyecto que responda a las necesidades de la gente, más allá de las figuras de los partidos.

La conclusión es inobjetable: la gubernatura del Estado de México, considerada por muchos como la más importante, no debe llevar a la dirigencia perredista a cometer nuevamente el error de invertir todo su capital político y humano en obtener un triunfo que no es seguro.

EFECTOS SECUNDARIOS

REINGENIERÍA. Habla poco, pero cuando lo hace ¡cuidado! El secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Francisco Mayorga Castañeda, propuso realizar una reingeniería al presupuesto destinado al campo, con el fin de evitar duplicidades de recursos y funciones y apuntalar la tarea productiva en este sector. Mayorga se adelantará a cualquier dictamen de los legisladores, y ya trabaja en una revisión a fondo del Programa Especial Concurrente que concentra una bolsa de 268,407 millones de pesos, más del doble que cuando inició hace 10 años.

En aquella entidad, para decirlo con contundencia, ni la irrupción zapatista de 1994 detonó la redistribución del poder político logrado por las alianzas: ganaron 18 de los 24 distritos de mayoría y 62 municipios del estado gobernado por Juan Sabines.

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