Periodismo en crisis
El Estado nacional y los medios, como parte de él, no pueden permitir que el crimen dicte el contenido de la información que los medios publican.
CREDITO: 
Rubén Aguilar Valenzuela

El Cártel de Sinaloa levantó el pasado 26 de julio en Durango a los periodistas: Óscar Solís, del periódico local El Vespertino; Héctor Gordoa, de Televisa; Javier Canales, camarógrafo de Multimedios Laguna, y Alejando Hernández, de Televisa Torreón. Los cuatro están ya libres.

Los dos primeros fueron liberados por sus captores, uno el 27 y el otro el 29 de ju-lio, y los dos últimos rescatados en un operativo de las fuerzas especiales de la Policía Federal el 31 de julio. Los plagiarios lograron huir.

El titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Genaro García Luna, confirmó que el propósito “del grupo criminal era trasmitir mensajes del crimen organizado”, amenazando a los medios con que de no hacerlo matarían a los periodistas secuestrados.

El Estado nacional y los medios, como parte de él, no pueden permitir que el crimen organizado dicte el contenido de la información que los medios publican. Sería el fin del periodismo en el país.

Cada uno de los medios enfrentó la situación como pensó que era más conveniente, de la misma manera que a lo largo de los años cada uno ha cubierto las acciones del crimen organizado de la forma que estima que es la mejor.

Los sucesos del 26 de julio llaman a los medios para que lleguen a dos grandes acuerdos: a) El establecimiento de un protocolo común para enfrentar de manera conjunta situaciones como ésa; b) La elaboración de un código ético compartido para el tratamiento informativo de las acciones del crimen organizado.

Estos dos productos, que urgen, deben surgir de la acción concertada de los propios medios. En una sociedad democrática que respeta la libertad de expresión y de prensa sólo toca a los medios el auto-regularse.

Este hecho lamentable que terminó sin que ninguno de los plagiados perdiera la vida puede ser el inicio de una nueva y distinta manera en la que los medios se relacionen entre sí, y de éstos con la sociedad.

Puede ser también el momento para que los profesionales de la información, como existen en muchos países, funden un Colegio Nacional de Periodistas, con capítulos estatales, que regule el oficio y defienda el ejercicio de su profesión.

La prensa libre es el mejor aliado de los gobiernos democráticos y éstos deben garantizar, en el ámbito de sus atribuciones y responsabilidades, el ejercicio de la profesión sin más restricción que la exigida por los códigos éticos.

El gobierno debe de poner especial cuidado, más allá de los discursos, para que la amenaza del crimen organizado que pende sobre la tarea de los periodistas no se haga realidad. Toca a él, como lo ha hecho ahora, actuar en defensa de la vida de los comunicadores.

El Estado nacional y los medios, como parte de él, no pueden permitir que el crimen dicte el contenido de la información que los medios publican.

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1 Comentarios
Comentarios
Anónimo
Agregado:
2 Ago 2010 |
18:36 PM

Sólo les queda apoyarse y resistir.

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