Los cuentos de Elvira
CREDITO: 
Alberto Aguirre M.

Mala suerte. El titular de Semarnat, Rafael Elvira Quesada, tuvo que acudir a la Cámara de Diputados. El foro sobre competitividad forestal y presupuestos que presidió no se vio afectado por los trabajos del pleno o pospuesto por el desahogo de la pesada y dilatada agenda legislativa.

Ni una sola vez, el funcionario calderonista se refirió en su discurso a los temas de la convocatoria. Nada de competitividad. Y es que su atención está centrada en asuntos de mayor urgencia, como la sequía que afecta a casi 55% de la superficie del país.

Este hecho –contrastante con las lluvias que azotan al sureste mexicano– dio pie al Secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales para establecer que hoy por hoy, muchas zonas agrícolas y ganaderas en el país ya no son factibles para producir, por lo que es necesario un cambio de uso de suelo.

“Nosotros estamos proponiendo que se incremente el Programa de Empleo Temporal, la inversión en la reconversión de áreas que se dedican a la agricultura o ganadería, con la finalidad de hacer a la tierra productiva y recuperar los ecosistemas”, dijo. Y afirmó que “con 100 millones de pesos se lograría reconvertir 1 millón de hectáreas a su uso y vocación original”.

Más dinero, menos producción agrícola. ¿Más bosques? Las aritméticas de Elvira Quesada resultan implacables.
Según sus cálculos, con otros 180 millones de pesos podría inducirse la paz social en comunidades en conflicto por predios y lo que producen. ¿De veras? ¿Eso costaría pacificar a sus paisanos, los campesinos de Cherán, Michoacán?

Además, siempre en las cuentas de Elvira Quesada, se necesitan 300 millones de pesos para que organismos de agua incluyan en el recibo del cobro un porcentaje que vaya a los dueños de los bosques que envían el vital líquido a las ciudades y un apoyo presupuestal importante para fortalecer la capacidad de combate de incendios forestales.

Respecto del problema de roza, tumba y quema de enramadas –calculó– si se asignan 245 millones de pesos, en cinco años se podrá proteger 1 millón de hectáreas; mientras que con 1,000 millones se reduciría la superficie afectada en 3.9 millones de hectáreas.

¿Mucho dinero, muchas hectáreas? No necesariamente: en México actualmente se contabilizan 64 millones de hectáreas de bosques y selvas, de las cuales alrededor de 80% es propiedad de ejidos o comunidades indígenas. En total, se trata de 8,500 núcleos agrarios… A los que el gobierno calderonista –según los dichos de Elvira Quesada– quiere cambiar sus tradiciones y su sustento de un plumazo.

El Secretario se apersonó en San Lázaro y acompañó a José Sarukhán Kermes, exrector de la UNAM y actual titular de la Conabio, a recibir la medalla al mérito cívico en el salón de plenos. Después, participó en el foro y formuló cuentas alegres.

El camino al infierno está lleno de buenos propósitos. Y para el sector forestal en México existe otra estadística que resulta alarmantemente deficitaria: sólo 15.1% de la superficie total arbolada (unas 8.6 millones de hectáreas) está aprovechándose, cuando 38% de la superficie total arbolada (21.6 millones de hectáreas) tiene potencial para aprovecharse. Eso quiere decir que aprovechamos apenas 40% del potencial que México tiene en materia forestal.

Este sector contribuye al PIB con 5,000 millones de dólares anuales (0.81% del PIB mexicano). Esto supone una grave tendencia a la baja, ya que en 1998 era de 1.2%. Según León Jorge Castaños, exsubsecretario de Desarrollo Forestal en el sexenio de Miguel de la Madrid, 1984 y 1985 fueron los mejores años para producción maderable, con 10 millones de metros cúbicos. En la actualidad, sólo se producen 6 millones de metros cúbicos.

La producción nacional de madera satisface únicamente 20% de la demanda aparente en México. El sector forestal genera unos 100,000 empleos permanentes, cuyo sueldo es entre tres y cuatro veces superior al salario de un trabajador agrícola.

La producción forestal fue de 7,839 millones de pesos para el 2005. Más de 85% del valor de la producción estuvo asociado a la explotación de pino; en segundo lugar al encino (6.6%), y posteriormente al oyamel con 172 millones (2.2%) y el resto de las especies con 399 millones de pesos. La producción de maderas preciosas (caoba, por ejemplo) representaba en el 2005 solamente 0.7% del valor total producido en el país.

La producción de los productos maderables, excluyendo la celulosa, se encuentra concentrada en pocos estados de la República. Desde 1990, Durango, Chihuahua y Michoacán contribuyen con alrededor de 60% de la producción maderable, excluyendo la celulosa. Oaxaca está en cuarto lugar, pero más o menos distante, con apenas un 6 por ciento.

EFECTOS SECUNDARIOS

PARTE DE LEÓN. En el tira-tira sobre los llamados gasolinazos, el senador priísta Francisco Labastida Ochoa hizo un deslinde pertinente: sin importar el precio del litro de la gasolina y el diésel, la Federación destina 36 centavos a las entidades federativas. Ni más ni menos. Así que es falso que se haya creado una “bolsa especial” para los estados. De los 10 pesos que –en promedio– los consumidores pagan por un litro de combustible, Pemex se queda con tres, los estados reciben 36 centavos y la Federación recibe 6 pesos.

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