Líderes, capacidades y 2012

CREDITO: 
Sergio Mota

En México se borda la temática de la sucesión presidencial con declaraciones de los aspirantes. Conduce a conocer sus capacidades el proyecto de país que nos proponen, aunque falta mucho. Ahora son juegos de periferia.

En el México del siglo XX sobresalen dos líderes políticos y estrategas militares que renunciaron al ejercicio del poder al valorar que no estaban capacitados: Villa y Zapata. Nos recuerda que no se necesitan conocimientos de altos vuelos, pero sí una base. Y mejor si se da una combinación de carácter para decidir, prudencia para entender, entusiasmo y reconocimiento de que se requiere del talento de otros, los asesores y operadores, para conocer los problemas y resolverlos. En la antigüedad, Lúculo -asesor de Nerón, emperador romano- decía: “La política es el arte de manejar hombres, porque éstos resuelven los problemas”. Nerón nombró a Séneca, ilustre pensador español como su asesor.

Calles, Obregón y Cárdenas –el primero, profesor de primaria; el segundo, ranchero; el tercero, militar– lograron, con su inteligencia, temple excepcional y claridad política, triunfar en la lucha por el poder. La razón es que eran hombres de Estado, sabían que la población necesitaba ser atendida, que el territorio tenía que ser defendido y que se requerían instituciones gubernamentales para la gobernanza, con base en principios nacionales, pero cuidando el contexto internacional. La Constitución de 1917 como producto de un Contrato Social era la referencia normativa.

Después de la creación de instituciones, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Luego, una larga estabilidad con sus ciclos, que condujo a que tuviéramos líderes de acuerdo con las circunstancias. Nuestro modelo era la economía mixta, con promoción de la economía de mercado, algo de Estado benefactor, como influencia de muchos países de occidente en donde gobernó por décadas la socialdemocracia, también como respuesta a los peligros de contagio de la Revolución Cubana.

Pero el modelo mexicano que tuvo muchos éxitos y también aberraciones hizo crisis en 1982, por los excesos y por las condiciones internacionales adversas que nos llevaron a un peligroso endeudamiento.

En los 80, el país tenía la siguiente caracterización: 1) la transferencia de recursos al exterior fue de 6% del PIB entre 1983 y 1988, nivel altísimo; 2) el costo de la relación negativa de los precios de intercambio fue de 4% del PIB entre 1981 y 1988; 3) los precios del petróleo bajaron en 1986 a 5 dólares el barril mexicano, lo que ocasionó una pérdida de ingresos de 6% del PIB; 4) el terremoto le costó al país 4% del PIB. Y para capear todo, inflación desbordada.

Para superar este siniestro escenario, Miguel de la Madrid estableció una política de ajustes y cambios estructurales que después se fueron consolidando.

También se protegió a la planta productiva y al empleo. Esta política tuvo interconexión con los lineamientos que establecieron los organismos internacionales, principalmente el FMI y el Banco Mundial (BM).

Hoy, el BM considera que el desarrollo económico y social es como una telaraña con cuatro hilos: una macroeconomía estable, una microeconomía competitiva, la inversión en capital humano de calidad y una vasta red de relaciones internacionales. Requerimientos fundamentales.

México tiene estabilidad macroeconómica, un valor económico fundamental. Pero su microeconomía dista mucho de ser competitiva, porque está distorsionada por estructuras oligopólicas y un sesgo maquilador. La inversión en capital humano de calidad es muy deficiente. Las relaciones internacionales son limitadas. No tienen el nivel de Brasil o China, dos países que hace 40 años estaban a la zaga de México.

Para el 2012 necesitamos propuestas que resuelvan los problemas fundamentales. Es necesario armonizar las fuerzas políticas para establecer acuerdos. Si no, es muy difícil avanzar en la articulación de un andamiaje de muchas acciones que permitan el crecimiento de la producción y el ingreso, más empleos, acometer la batalla contra la pobreza y atajar la inseguridad.

Éstos son los temas y sus respuestas se asocian al arte de lo posible y deseable que es la política. Lo que está en juego es la visión mediocre o de Estado, la diferencia entre un político y un estadista.

El contexto actual de los países líderes es el siguiente: Estados Unidos tiene 20 millones de desempleados, 40 millones de pobres, 50 millones sin seguridad sanitaria. Después del fracaso del rescate de sus instituciones financieras, promueve la producción, la inyección de fondos, la política de banca central para bajar el déficit fiscal. Europa está entrampada en la política restrictiva, cuando los países necesitan crecer y hacer la Europa de los hombres, la Europa social. No hay rendijas keynesianas para la expansión porque, a diferencia del dólar, el yuan o la libra, no puede “fabricarse” el euro a voluntad. China se caracteriza por su crecimiento económico, producto de la codicia de Occidente que localizó ahí sus plantas industriales. México está en el área de influencia de Estados Unidos, que compra 85% de nuestras exportaciones. Este nivel dice todo y condiciona mucho.

En estos contextos, ¿qué proponen los candidatos?

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