Narrativas estadounidenses
“La mejor batalla, la que no se da”
Chou Lao
Un país sigue las huellas de su narrativa. Estados Unidos no es la excepción, sino la regla. ¿Quiénes somos? Se preguntaba Samuel Huntington hace unos años en un libro que sería el último. Ahí, el politólogo de Harvard, maestro de Francis Fukuyama, sostenía, sin fundamento, que los mexicanos estaban desbaratando la identidad nacional. El libro pasó casi inadvertido. Pero, en sí misma, la pregunta va cargada de una gran exactitud, por tanto, de gran fuerza.
En Estados Unidos, la narrativa sobre el “¿quiénes somos?” se reactiva en las guerras, frente a los ataques terroristas y en tiempo de elecciones. En estas semanas, meses, y hasta la jornada electoral de noviembre, la contienda entre republicanos y demócratas comienza y termina como competencia por la narrativa original. Excepcionalidad, hiperpotencia y tierra de posibilidades, de los sueños a la felicidad: son los rasgos que la definen.
En cada elección, los dos partidos se declaran los herederos y los que pueden llevar a su efectividad ese relato. A cada uno, la democracia le concede esos privilegios por cuatro años. En los debates correspondientes, la narrativa se dispersa en narrativas, se disemina en torno de los partidos y, particularmente, de los candidatos a la Presidencia.
En medio de la crisis económica y de la conflictiva situación global, los demócratas tienen la gran ventaja de contar con una narrativa de una sola voz, la del presidente Obama, como manda la tradición política: Estados Unidos seguirá siendo el país que defiende la libertad y la democracia en el mundo y que ofrece a sus ciudadanos las condiciones adecuadas para realizar sus sueños. A esto se agrega el principio liberal: dentro de la Constitución y ante la libertad, tanto gobierno como sea necesario.
En las elecciones internas de su candidato, las llamadas primarias, los precandidatos republicanos se enfrentan entre ellos para presentar el mejor currículum y la narrativa de una sola frase. Todos parten del principio conservador o neoconservador: el menor gobierno posible y el mayor campo para el individuo. Una figura lo encarnaría: Reagan, el Presidente de los años 80. Luego, los enunciados se matizan y las propuestas difieren. Mitt Romney va a la cabeza. Ganó en Iowa y ayer en New Hampshire. Uno de sus eslogans: volver a la sociedad de los méritos en lugar de los subsidios. ¿Triunfará esa idea?









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