Forma política de la democracia

CREDITO: 
Cesáreo Morales

“No entres a guerras que puedes evitar”.

Sun Tzu.

La democracia es una forma política. En su más alto nivel, la Constitución la consagra como forma de gobierno de la nación. Desde ahí, de manera compleja y diferenciada, la democracia se vincula con la historia y con las luchas por la soberanía. La Constitución es soberanía jurídica o no es. Lo que Estado y poder político pueden y no pueden ella lo establece.

La democracia representativa encuentra en el marco constitucional su fundamento y legitimidad, por más que esta representación sea puramente formal. Pero así es, no hay alternativa. La democracia plebiscitaria ha mostrado sus debilidades y las formas directas de democracia, referéndum y plebiscito, han de usarse con cautela jurídica para no alterar la función representativa.

Los partidos políticos encuentran en la Constitución el fundamento de su legitimidad, de su carácter de órganos de interés público y de su facultad para proponer candidatos que compitan entre ellos por los puestos de representación y de gobierno. La crítica de la “partidocracia” es propaganda. Por su misma naturaleza, los partidos existen para proponer ciudadanos que gobiernen y ejerzan el trabajo legislativo.

Las condiciones de elegibilidad las aprueban ellos mismos. Un círculo imposible de evitar. De ahí que las llamadas “candidaturas ciudadanas” no sean sino como llover sobre mojado, pues tendrán que cumplir aquellos requisitos que acrediten su representatividad.

Los partidos lo han hecho en el momento de su registro legal y la reacreditan en las elecciones federales o locales, al obtener el porcentaje marcado por la ley.

Las elecciones son el momento de competencia de la democracia. En las campañas y el día de la jornada electoral se proclama muy alto que el poder político no pertenece a nadie y que la legitimidad de su ejercicio pasa por esa contienda legal y de resultados objetivos: un conteo transparente y cierto de los votos. Cada elector, participe o se abstenga, por su derecho mismo a votar, se articula a esta forma política.

Pretender manipular la democracia puede descomponerla, pues su solidez tiene límites: la ley. Pero la ley es frágil y fácilmente se la puede burlar. Es un hecho bien establecido en los estudios comparativos, que el partido en el gobierno tiene ciertas ventajas que le otorga la misma situación. Recuérdese: la ley es frágil y, además, la perversión excesiva, como escribe Maquiavelo, se vuelve torpeza.

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