Acerca de los males de AMLO y otros rumores
Es una versión de los hechos. De la parte afectada, para ser precisos, aunque la otra parte difícilmente aceptará abordar estos asuntos. Hace ocho días, mientras el presidente Felipe Calderón y el gobernador de Aguascalientes, Carlos Lozano de la Torre, evaluaban las acciones oficiales para atender las afectaciones de la sequía, emisarios de Los Pinos desperdigaban una versión: pronto renunciaría el Mandatario priísta, quien a escondidas recibe atención médica por un padecimiento que pone su vida en peligro.
A partir de entonces, el rumor se expandió hasta convertirse en uno de los temas principales en las tertulias de la capital hidrocálida. Y antier un reportero de plano se le atravesó al priísta. “Gobernador, se ha comenzado a difundir un rumor en el sentido de que usted tendría cáncer de páncreas”.
“Yo creo que la enfermedad que tengo es que las encuestas nos tratan muy bien y que les asusta que en Aguascalientes haya un escenario...”, respondió Lozano de la Torre, aunque de inmediato cambió su tono: “Obviamente esto está prefabricado... se me hace una bajeza fuera de lugar. Además que sé que se da precisamente el día que viene el Presidente, con una mala intención, y entiendo que se la colaron a varios reporteros un poco antes para empezar a crear el rumor”.
Con la “duda razonable” en el ambiente, no le quedó más que probar contundentemente que goza de cabal salud. Por eso ayer el jefe del gabinete, Javier Aguilera, y el secretario de Salud estatal, Francisco Esparza -quien además es el médico personal de la familia Lozano de la Torre desde hace 20 años-, hicieron públicos los resultados de los más recientes exámenes médicos practicados al Gobernador de Aguascalientes.
“Año con año y en un área médica fuera de las propias, para que no se dijera que en algún momento se pudieran alterar los resultados, se hace el Gobernador parte de su chequeo”, describió Esparza, “de tal manera que le hacemos exámenes de laboratorio, lo de rutina, una biometría hemática, un examen general de orina, su química sanguínea, su antígeno prostático, algunos otros marcadores de tipo tumoral.
“También estudios de imagen, como radiografías, ultrasonido y un chequeo de un escáner que se hace de todo el cuerpo con el fin de buscar alguna patología. En este examen que se hizo en noviembre del año pasado no tiene ningún deterioro su salud. De esta manera queremos desechar todas estas leyendas o comentarios que no tienen ningún fundamento. Como dice el clásico: los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.
Quebrada la privacidad del priísta, su equipo de colaboradores montó en cólera. Y más que debatir sobre la pertinencia de conocer el estado de salud de los servidores públicos y los funcionarios electos, atizaron una censura categórica a la avanzada presidencial y más precisamente a los enviados de la vocera de Los Pinos, Alejandra Sota Mirafuentes.
¿Los priístas estarán viendo moros con tranchetes? ¿O, como supone la cúpula tricolor, está en marcha un plan orquestado en las altas esferas gubernamentales para desgastar a la oposición?
También en terrenos panistas se ubican las fuentes de los rumores sobre el deterioro de la salud del precandidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador. Algunas versiones apuntarían a cáncer de próstata. Otras, a divertículos. Y unas más -parafraséandolo- apuntarían a una especie de agotamiento físico.
López Obrador, igual que el Mandatario hidrocálido, ha tenido que salir a frenar las especulaciones. Ayer, en una entrevista a los integrantes de la mesa política del noticiero matutino de Carmen Aristegui, el abanderado aceptó sus dichos de que estaba cansado, pero en referencia a las semanas previas antes de que concluyera su recorrido de precampaña por el país.
La noche del 15 de febrero, después de una gira por Sinaloa, Michoacán y Oaxaca, llegó al DF y se reunió con inversionistas en bienes raíces, entre los que estaban sus amigos Marcos Fastlicht y David Daniel. En confianza les dijo que, después de dos semanas de carreteras, estaba cansado.
“Estoy entero. Bateando arriba de .300”, insistió ayer, “tengo 58 años y estoy acostumbrado a trabajar, sin duda. Me levanto todos los días a las 5:30. Trabajo 16 horas diarias... Me siento bien. Trabajo. Tengo experiencia y eso es lo que ofrezco, pero ofrezco algo más, ofrezco mi corazón”.
Mal que bien, el debate sobre la salud de funcionarios y candidatos está abierto. Nadie duda que en la medida de lo posible, unos y otros tratan de evitar la atención de la opinión pública sobre sus sufrimientos físicos o emocionales.
¿Estar enfermo afecta la imagen de un líder? ¿Es una señal de debilidad y un riesgo para el futuro del país? O, por el contrario, ¿genera sentimientos de compasión y aumenta la popularidad de los mandatarios?
aam@mexico.com












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