Tierra de nadie
CREDITO: 
Alberto Aguirre M.

Orgullosos españoles, pero auto proclamados periodistas globales -“trabajamos en el mundo, no nos gustan las fronteras”- Melchor Miralles Sangro y Guillermo Gómez decidieron trascender la crisis de la prensa tradicional y juntos dirigen Cuerdos de Atar, una casa productora de contenidos audiovisuales que actualmente realiza un ambicioso proyecto: filmar 12 documentales sobre la solidaridad.

En Tierra de los Nadie -la frase fue extraída de un poema de Galeano- los ha llevado a Argentina, Camboya, Haití, Filipinas, Nueva York y México, donde su estancia tuvo que ser abruptamente interrumpida, luego de que Miralles y otros cinco periodistas españoles fueran víctimas de extorsión en el hotel donde se alojaban, en Tapachula, Chiapas.

“Hemos tenido un intento de lo que aquí llaman secuestro virtual express”, describe Miralles ante sus propias cámaras. El sábado de Muertos descansaba el equipo ibérico, recién llegado a la frontera sur, para acompañar a los migrantes centroamericanos. “Será un viaje que nunca olvidaremos”, había posteado el camarógrafo Santi Trancho, quien en vez de grabar el American Dream capturó escenas inéditas del chantaje, posteriormente la intervención de la policía estatal, las discusiones del equipo sobre lo que debían hacer y, finalmente, su éxodo de tierras chiapanecas.

Al día siguiente viajarían a Arriaga y tratarían de subir La Bestia. Pero a las 3:30 de la madrugada sonó el teléfono de la habitación.

“No te me pongas bravo”, escuchó del otro lado de la línea. Era una voz grave, sin acento.

“Soy el responsable del cártel de Chiapas, y aquí no manda la Policía ni el Ejército, aquí mando yo. Estamos afuera, te vemos. No enciendas la luz. Colabora o puede morir mucha gente, aquí y en Madrid. O colaboras o te partimos la madre. ¿Quieres ser el responsable de una balacera?”.

Miralles se enganchó. Trató de negociar. Ofreció 50,000 pesos -lo que podía juntar con sus compañeros de viaje- pero no fue suficiente: el criminal le pedía que saliera y abordara el taxi que lo esperaba a la puerta de la casona, que llevaría a un Oxxo donde tendría que comprar un chip de prepago, abonarle 500 pesos y finalmente, llamar para recibir nuevas indicaciones. “No te preocupes, el taxi es de confianza”, garantizó la voz.

Mientras se alargaba la conversación, el periodista español tomó su teléfono celular y llamó a su equipo. Hasta el quinto intento obtuvo una respuesta de su productora, Itsaso Gallego. A partir de ese momento transcurrieron “55 minutos en el infierno”. En ese lapso, los compañeros de Miralles hablaron con personal de la embajada española en la ciudad de México, con otros colegas en Madrid. Y contactaron a Alberto, de la Policía Nacional de España, quien les aconsejó desde ese momento. ¿Y la Policía Federal de México? Los ministeriales de Chiapas llegaron justo cuando la negociación había terminado. “O sales en un minuto o entramos, güey, y te partimos la madre a ti, y a los demás, y va a haber muchos muertos”, escuchó decir, antes de que colgaran.

“A la calle no iba a salir. Al taxi no me iba a subir. Prefería que nos mataran a tiros”, decidió. En el pasillo de La casa rosada encontró a sus colegas y al productor local, quien al llegar al hotelito observó que una mujer esperaba frente a la entrada -no obstante la hora- y que a la vuelta de la esquina, efectivamente aguardaba un taxi.

“La persona que les está pasando la información está aquí en el hotel”, dice uno de los ministeriales a Miralles, después de escuchar su relato. La cámara de Trancho captura sus rostros, sin pasamontañas. Visten de paisano y portan sus pistolas de cargo y rifles R-15.

“Necesitamos que se cambien de hotel. Es la mejor opción”, ordena el oficial de mayor rango. “Ahora mismo, de noche, no nos vamos a mover”, corta el documentalista español, quien vuelve a su habitación, seguido por su crew. Allí deciden regresar lo más pronto posible a casa. “El riesgo que enfrentamos en este momento se ha multiplicado. No podemos seguir trabajando en estas condiciones en México”, concluyen.

Mientras, en Twitter comenzará la crónica de este chantaje frustrado, a cargo de los compañeros de Mairelles, quien será el protagonista de decenas de entrevistas en la prensa madrileña y en la crónica que divulgó anoche en su blog; será lapidario: “Así es México: un país convertido en un estercolero moral y político, donde la vida no vale nada. Donde impera la ley de Tony Soprano, ‘mi padre estaba en ello, mi tío estaba en ello, mis amigos estaban en ello, tal vez fuera demasiado vago como para hacer otra cosa’. Donde los tres poderes están infiltrados por el crimen organizado. Donde la impunidad es absoluta. O sea, el infierno. Porque el infierno es el infierno lo llames como lo llames. Donde hay voces que suenan como disparos. Demasiadas (voces)”.

EFECTOS SECUNDARIOS

ÉXODOS. Rabín Salazar Solorio, senador por Morelos, dimitió del PRD y comenzará este mes como militante de Morena, al igual que una veintena de líderes políticos de aquella entidad que dejarán al Sol Azteca y al PT. Un contingente irá al partido de López Obrador y otro a Encuentro Social.

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