Detrás de Vibra México
CREDITO: 
Alberto Aguirre M.

En el primer círculo del gobierno de la Ciudad de México pensaron que la marcha convocada por Vibra México serían “palabras mayores”, cuando el rector de la UNAM, Enrique Graue, se sumó a los convocantes.

El jefe de la policía capitalina, Hiram Almeida, propuso el despliegue de 4,000 elementos policiacos en el perímetro A del Centro Histórico. Por los manifestantes contra Donald Trump, por supuesto, pero también por los miles de asistentes al paseo en bicicleta y la carrera de 10 kilómetros convocada por Kardiaz, más los espontáneos que aparecieran.

¿Los anarquistas, acaso? ¿O los profes de la CNTE? La Secretaria de Gobierno, Patricia Mercado, no reportó nada. Aun así, frente a la sede del Senado de la República, a las 10:00 horas, apareció un contingente —apenas medio millar de personas— que protestaba por el megagasolinazo y sin rubor exigían la renuncia del Ejecutivo federal.

Oficialmente, sobre el Paseo de la Reforma y las inmediaciones del Ángel de la Independencia hubo 1,500 elementos policiacos. En realidad, hubo otros 2,000 camuflajeados. Ergo: al menos 10% de los asistentes a la protesta eran ilegítimos. Sería una marcha muy monitoreada, pero de bajo riesgo, para las autoridades capitalinas.

Una de las estampas más significativas ocurrió en el cruce de Reforma y Chivatito. María Amparo Casar esperaba a que el primer contingente avanzara, junto con Alejandro Martí, cuando descubrió que Juan Pardinas estaba en la banqueta. Y por más que lo llamaron a sumarse a la descubierta, permaneció al margen. “Aquí vine como ciudadano de a pie, con mi familia”.

Los convocantes... ¿se dejaron llevar por el protagonismo. Y el jefe de Gobierno resistió el canto de las sirenas... o más bien, sutilmente fue marginado por los organizadores del evento?. A mediados de la semana pasada, en una conversación telefónica con Claudio X. González, le pidió apoyo... sólo para las cuestiones de seguridad.

En la víspera, Miguel Ángel Mancera había cumplido una intensa agenda de trabajo en Chicago, Illinois. Tenía programado su regreso para el sábado por la noche, junto con su secretario de Desarrollo Económico, Salomón Chertorivski quien allá le pidió permiso para participar en la manifestación.

¿Las agendas personales, sobre los intereses de la CDMX? José Woldenberg, tío de Chertorivski, había saludado con entusiasmo la idea de los organizadores de Vibra México. Y otros amigos cercanos del funcionario capitalino, como el consejero electoral Ciro Murayama, se manifestarían públicamente.

Pero el jefe de Gobierno mantuvo su decisión de respetar la convocatoria ciudadana. Y prohibió a sus colaboradores hacer acto de presencia. Lástima que otros funcionarios locales —como la delegada en Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez, o las legisladores del PVEM, Sofía González y Paola Félix-Díaz— no tuvieran la discreción debida. O al contrario, gozan aún de un envidiable anonimato.

Mancera estuvo muy temprano en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, como participante en la carrera de Kardiaz. A las 10:00 horas estuvo puntual en el C 4, donde junto con el jefe de la policía capitalina, Hiram Almeida, y el procurador Rodolfo Ríos Garza.

A esa hora, los patrocinadores de esa convivencia deportiva ya estaban en otras actividades. El último presidente del IFE, Andrés Albo, desayunaba tranquilamente con su familia en uno de los comederos de la zona.

El sistema de videovigilancia de la CDMX tiene capturados todos los momentos de la marcha. Desde el Auditorio Nacional caminaron 15,000 personas. Del Hemiciclo a Juárez, menos de 4,000 manifestantes.

¿El episodio más azaroso? Sin duda, el arribo del contingente encabezado por Isabel Miranda de Wallace y Laura Elena Herrejón a las inmediaciones del Ángel, cuyas escalinatas estaban resguardadas por vallas metálicas.

La dirigente de la asociación Alto al Secuestro traspasó ese primer círculo de seguridad y apenas si quiso subir a la explanada del monumento, cuando la sacaron a empeñones.

Paradojas de la movilización ciudadana: las puyas entre Wallace y María Elena Morera atrajo la atención mediática y al mismo tiempo inhibió la participación de amplios sectores sociales. Los organizadores de Vibra México han reconocido que una de sus principales fallas radicó en una comunicación “dispersa”. ¿También reconocerán su falta de arraigo?

Caso distinto es el (no) poder de convocatoria de los directivos de la UNAM y la Ibero, que abiertamente llamaron a los integrantes de sus respectivas a tomar las calles. El rector Graue caminó por el Paseo de la Reforma sin contrariedades, en efecto, pero cuando apenas avanzaba frente a la Torre Mayor, ya se había dispersado la gente que por tercera vez había entonado el Himno Nacional.

EFECTOS SECUNDARIOS

CANDOROSOS. El Día de la Amistad, los gobernadores de Sonora, Claudia Pavlovich y de Arizona, Doug Ducey, tuvieron un peculiar intercambio epistolar que podría servir de ejemplo en materia de relaciones binacionales. El estadounidense refrendó que Sonora es un socio clave y la relación con México fundamental para el desarrollo de esa entidad, ya que le permite consolidar su reputación como un lugar increíble para vivir, trabajar y sobre todo hacer negocios en beneficio de ambos países.

alberto.aguirre@outlook.com

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