Huyó, violó y lo pescaron
CREDITO: 
Manuel Ajenjo

Cualquier estudiante de periodismo sabe que noticia no es que un perro muerda a una persona; noticia es que una persona muerda a un perro. Por eso las noticias sobre la mala conducta de un sacerdote que ha hecho votos de castidad, obediencia y pobreza causan tanto escándalo.

Esta semana se supo de otro hombre que mordió a un perro. En Irapuato, Guanajuato, un mal ministro del Señor, el cura Jorge Raúl Villegas Chávez, fue detenido y presentado ante un juez acusado de violar a una alumna menor de edad de un colegio de la ciudad, donde Villegas Chávez se desempeñaba, nada más y nada menos, que como orientador de los estudiantes: daba tratamiento psicológico a los alumnos con problemas de conducta (¿?).

Según se supo, el reverendo, durante tres meses, todos los viernes confesaba a la menor y los lunes, con el pretexto de darle terapia, abusaba sexualmente de ella. Las autoridades investigan la posibilidad de que esta adolescente no fuera la única víctima del siniestro sacerdote depredador, que bien pudo tener jovencitas que confesara los jueves y violara los martes, confesara los miércoles y violara los sábados. Los domingos posiblemente se abstuviera para dedicarlo a decir misa y descansar.

Jorge Raúl Villegas Chávez fue integrante de la comisión pastoral que se encargó de organizar y recibir la visita del papa Benedicto XVI a las tierras guanajuatenses a finales de marzo del 2012.

Toda una fichita con sotana, durante su labor como vocero de la arquidiócesis leonesa Villegas Chávez defendió a varios sacerdotes acusados de pederastia y abusos contra menores. El más conspicuo de sus colegas en los menesteres del abuso sexual fue el cura párroco de la iglesia de Santa María de Cementos, José Luis de María y Campos, quien fue acusado judicialmente por las madres de dos menores y fue sentenciado a seis años de prisión en septiembre del 2006.

Ante la insistencia de su vocero el indigno sacerdote Villegas, monseñor José Guadalupe Martín Rábago, décimo obispo y primer arzobispo de León, Guanajuato, abogó para que la pena impuesta al pederasta de María y Campos le fuera reducida. Finalmente, dos años antes de cumplir con su condena, fue preliberado por el gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez, el panista que se gastó 400,000 pesos del erario en confeccionarse un look, para lucir mejor tanto en su ropa como en su cara (gratis es cara) cuando el muy cretino supuso que podría ser presidenciable.

En septiembre del 2012 el presunto violador de la quinceañera de Irapuato fue relevado como vocero de la arquidiócesis de monseñor Martín Rábago, supuestamente porque viajaría a Guadalajara a tomar un curso. Lo que sucedió realmente es que el pésimo ministro del Señor dejó de serlo cuando una mujer lo demandó ante la Procuraduría General de Justicia del estado para exigirle el reconocimiento de paternidad y el pago de la pensión alimenticia de una menor que había procreado. El padrecito se negó durante dos años a efectuar la prueba de paternidad. Fue hasta el 2014 cuando una prueba de ADN le acreditó como padre de la niña de, entonces, de nueve años.

La demanda generó un proceso en el Tribunal Eclesiástico, según informó el arzobispado guanajuatense, en un comunicado en el que se anunció que al padre Villegas Chávez “se le instó para que cumpliera plenamente con la responsabilidad adquirida”, por lo cual fue apartado del ejercicio del ministerio sacerdotal.

Después del aviso no se supo nada del multicitado cura, hasta que reapareció haciendo el mal con la violación a la quinceañera irapuatense.

Lo más extraño de todo es que el señor obispo de Irapuato, don José de Jesús Martínez Zepeda, se dijo sorprendido por la presencia en su diócesis del sacerdote, suspendido en la capital del calzado y activo en el emporio fresero 70 kilómetros más adelante.

“Yo nunca le di permiso para ejercer el ministerio en Irapuato -según el diario El Sol de Irapuato-, comentó el obispo Martínez Zepeda. No conozco las restricciones que él tenía en León, pero en Irapuato no tenía permiso por mí para ejercer. Nadie me avisó de su llegada, por tanto lo desconocía sobre él” (sic forastero). Además, señaló que el colegio nunca avisó que ese sacerdote ejerciera sus labores en ese lugar. Total, nadie sabe nada. Un comunicado de una arquidiócesis no es leído ni siquiera por la diócesis más cercana.

Una reflexión con la intención de que la Jerarquía de la Iglesia Católica la tome en cuenta: ¿Cuántos creyentes habrán recibido, con gran devoción, de manos del indigno presunto delincuente ensotanado, la eucaristía, el sacramento que consiste en la transformación de un pedazo de pan (conocido como hostia) y el vino en el cuerpo y en la sangre de Jesucristo, el momento más sublime de la santa misa? ¿Cuántos feligreses y feligresas le habrán confesado sus pecados con la firme creencia de que quien los escuchaba y les daría la absolución era un santo varón, más cercano a la santidad que a los mundanos placeres y al pecado?

¿No creen que ha llegado el momento de pensar en la abolición del celibato sacerdotal para con ello lograr un clero católico más limpio, menos hipócrita y acorde con los tiempos que se viven?

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