Debate contra el insomnio
CREDITO: 
Manuel Ajenjo

Antes de ayer martes, me puse a ver por televisión el debate entre los seis aspirantes a la gubernatura del Estado de México. El moderador, el periodista Javier Solórzano, cayó en algo que considero un error gramatical -herencia de Vicente Fox-, al referirse a “las y los candidatos”. La expresión correcta -según yo- es “las candidatas y los candidatos” o referirse a “los candidatos” así en genérico aunque el grupo esté dividido a la mitad entre mujeres y hombres.

Sería bueno un debate entre lingüistas para saber si embonar -verbo de moda- los artículos de géneros femenino y masculino (las y los) con un sustantivo de género masculino (candidatos) es correcto. Por cierto, sí es gramaticalmente correcto expresar “las y los lingüistas”.

Pero, mal empieza una columna que se disgrega de su tema, que es hacer una crónica o bocetar una crítica sobre la confrontación entre las candidatas y los candidatos a gobernar el Estado de México, la entidad con el mayor número de habitantes en el país, cuyos comicios son considerados, nacionalmente, los más importantes luego de la elección presidencial; el baluarte del PRI, partido del cual han salido todos los gobernadores mexiquenses y sede del grupo Atlacomulco -grupo del que se niega su existencia pero se siente su presencia—.

Como lo señaló ayer Rolando Ramos, en su reportaje en El Economista, la parte central del debate fueron las acusaciones de corrupción que, sin medirse, viendo la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio, se lanzaron “las y los contendientes” -otro caso en el que están correctamente usados los artículos y el sustantivo-.

Sinceramente no puedo definir quién tuvo la mejor actuación en la tibia y acartonada confrontación. Diré que tengo la percepción de que “las y los aspirantes” están, como dicen en mi tierra, “muy redondos para huevo”. A ninguna de ellas ni a ninguno de ellos los vi con carisma, presencia y manejo de argumentos sólidos, creíbles y suficientes para un cargo tan importante. Además, el formato diseñado para la contienda fue demasiado rígido. La falta de flexibilidad se hizo notar más porque la deliberación entre seis personas retrasa las réplicas y propicia el pasar por alto las imputaciones.

La ausencia de ideas fue suplida por la abundancia de lugares comunes y promesas de difícil cumplimiento, como la del millón de empleos que, dijo, va a crear Josefina Vázquez Mota, sin detallar en qué tiempo y de qué manera. Josefina, que en cuanto se siente el objetivo de un micrófono y/o de una cámara se transforma y se percibe más falsa que una amistad en el Facebook, fue la primera en sacar el tema de la corrupción: acusó a Delfina Gómez de descontarles a los trabajadores municipales de Texcoco 10% de su sueldo durante su gestión como alcaldesa de este municipio.

Ante la acusación de Josefina -mostró posibles pruebas impresas- la candidata de Morena reaccionó “como quien oye llover, ni atenta ni distraída”: dijo que la acusaban porque su campaña va muy bien.

Alfredo del Mazo, Juan Zepeda, Óscar González y Delfina Gómez, que ejercieron las alcaldías de Huixquilucan, Nezahualcóyotl, Metepec y Texcoco, respectivamente, se autoelogiaron de haber tenido, durante su gestión, las mejores calificaciones, sobre todo en el rubro seguridad. Los que formamos parte de la aburrida audiencia no supimos cabalmente quién dijo la verdad.

Zepeda, perredista a quien percibí muy articulado en la confrontación que tuvieron cuatro de los aspirantes en el programa de Loret de Mola, esta vez me dio la impresión de magnificar su paso por Neza como si hubiera hecho de esta población una gran urbe.

Por su parte, Óscar González, del Partido del Trabajo, amenazó con el viejo truco -después del Bronco y de Yunes, el truco se hizo viejo- de meter a la cárcel a Eruviel Ávila y a Peña Nieto.

La candidata ciudadana, María Teresa Castell, se aprendió muy bien su discurso que recitó frente a la cámara y que consistió en decir una gran verdad: partidos y políticos mantienen a los ciudadanos como rehenes.

Josefina atacó a Del Mazo al manifestar que en “el Viaducto Bicentenario te cobran 43 pesos extras, lo sacan de tu bolsillo y se los dan a los amigos de Alfredo del Mazo, de OHL o de Higa, y seguramente también están financiando tu campaña”.

El priista, hijo y nieto de gobernadores mexiquenses, reviró: “Josefina, quien tiene el sello de la corrupción eres tú. No has podido explicar lo que pasó con los más de mil millones de dólares de los migrantes” (Aquí debió agregar: “que te dio mi primo”). Luego se defendió: “Yo soy una persona íntegra y honesta, a mí no me van a venir a manchar con temas de corrupción como todos ellos”. Y amenazó: “Voy a ser cero tolerante a la corrupción y a la impunidad” (debió agregar: aunque se trate de un pariente cercano).

Recomiendo a los productores de la pieza audiovisual que la vendan a las plataformas Blim o Netflix para que la ofrezcan en su programación como un efectivo remedio contra el insomnio.

Oí por ahí

-Yo no voto por las personas, yo voto por las ideas.

-¿Y si te doy diez mil pesos?

-Entonces voto por quien tú me digas porque la idea no es tan mala.

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