Los mártires de Chicago
CREDITO: 
Manuel Ajenjo

El tema elegido hoy me lo sugirió la pregunta que el pasado domingo me hiciera un adolescente, sobrino nieto de mi amigo Andrés. Él me preguntó: ¿Por qué en el Día del Trabajo no se trabaja? Por respuesta le dije lo poco que sabía en ese momento: Ese día se conmemora a los mártires de Chicago. ¿Y qué tienen que ver unos mártires con el trabajo? Repreguntó el inquieto púber. Contesté con otra pregunta: ¿Por qué no lo buscas en Internet?

En menos de lo que un político olvida sus promesas de campaña, el chavo preguntón fue y vino con una laptop, se conectó a Internet y navegamos por la red.

A continuación, compartiré con los lectores una reseña cronológica surgida de la información recabada en los distintos portales cibernéticos que recorrimos el interesado chamaco y el redactor de estas líneas:

Robert Owen (1771-1858) fue un empresario, socialista utópico originario de Gales, Gran Bretaña, que llevó a la práctica sus ideas reformistas en su propia fábrica. Difundió la idea de que la calidad del trabajo de un obrero tiene una relación directamente proporcional con la calidad de vida del mismo. Para mejorar la producción de los trabajadores —estableció Owen— es preciso mejoras en las áreas de salarios, vivienda, higiene y educación. En 1817 formuló el objetivo de la jornada de ocho horas de trabajo, ocho horas para el descanso y ocho horas para vivir.

Para darnos una idea de la clase de “reformón laboral” planteado por Owen habrá que decir que en la Gran Bretaña existía una regulación que marcaba que la jornada de trabajo no debería exceder de las 15 horas, cosa que algunas fábricas no respetaban.

La Asociación Internacional de Trabajadores definió, en su Congreso de Ginebra en agosto de 1866, la jornada de ocho horas como una reivindicación indispensable. En ese mismo año en Estados Unidos el presidente Andrew Johnson (1808-1875) promulgó una ley que establecía la jornada de ocho horas, aunque con cláusulas que permitían aumentarla a 14 y 18 horas.

Fue hasta 1886, cuando algunos sectores patronales comenzaron a permitir la jornada de ocho horas. Aunque persistían los que obligaban a sus obreros a trabajar 10, 12 y hasta 16 horas diarias. La Federación de Trabajadores de Estados Unidos, concientizó al gremio para que a partir del 1º de mayo de 1886 impusieran de manera irreversible, mediante marchas y huelgas, la jornada de ocho horas.

Así fue como en dicha fecha, Albert Parsons, líder de la organización laboral “Caballeros del Trabajo de Chicago”, organizó una manifestación de 80 mil trabajadores que exigieron la instalación de la jornada laboral de ocho horas. Se unieron a la demanda 350 mil trabajadores de toda la Unión Americana que se declararon en huelga, lo que afectó a más de mil fábricas.

Al día siguiente en Chicago la policía disolvió una manifestación de 50 mil personas. El 3 de mayo los manifestantes se dirigieron a una fábrica de maquinaria agrícola que había roto una huelga con esquiroles. Los paristas esperaron la salida de los rompehuelgas para emprenderla contra ellos. Se armó una batalla campal. La policía intervino y disparó contra los peleoneros produciendo 6 muertos y muchos heridos.

A raíz de lo anterior, el periodista radical Adolf Fisher, convocó a través de su periódico, a una gran manifestación al otro día en el Parque Haymarket. Ahí se concentraron 20,000 personas que fueron reprimidas por la policía. Hasta la fecha no se sabe quién hizo estallar una bomba con un saldo de un policía muerto y varios heridos. Esto provocó la cacería de los responsables y así fue como las autoridades detuvieron a 8 de los considerados líderes del movimiento —8 horas, 8 presos—.

En un juicio donde abundaron las irregularidades y se violaron todas las normas procesales, los juzgados fueron declarados culpables y sentenciados de la forma siguiente: Samuel Fielden, inglés, pastor metodista y obrero textil y el alemán Michel Schwab fueron condenados a cadena perpetua. El vendedor estadounidense Oscar Neebe, a 18 años de trabajos forzados.

El tipógrafo alemán George Engel; los periodistas Adolf Fisher y August Spies, migrantes alemanes y el estadounidense Albert Parsons; así como el carpintero Louis Ling también alemán; fueron sentenciados a morir en la horca. Ling, el más joven, sólo 22 años, se suicidó en su celda. Los otro cuatro fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1887.

En honor a los mártires aquí esbozados, desde 1889 se celebra en gran parte del mundo el Día Internacional del Trabajo. Curiosamente en Estados Unidos no. Los gringos celebran el primer lunes de septiembre el Labor Day.

Te hubieras ahorrado mucho tiempo si al canijo escuincle le dices que en el Día de Trabajo se celebra la hueva internacional, me dijo Andrés que observó nuestra travesía de internautas con su cuba libre en ristre —así se dice cuando alguien no suelta lo que agarra, sea un vaso o sean billetes, como el caso de la excandidata de Morena Eva Cadena Sandoval que hasta una bolsita pidió—.

Solamente les faltó averiguar quién, cuándo y dónde, impuso entre la burocracia mexicana la prestación conocida como “Taco de las 11” que consiste en abandonar lo que se está haciendo, así sea atender al público, para disfrutar los tacos que previamente y bajo la figura de coperacha compró Godínez —comentó mi amigo achispado por la ingesta de ron.

elprivilegiodeopinar@eleconomista.com.mx

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