El torniquete fiscal de Europa
La semana pasada los mercados continuaron su tendencia a la baja y se encuentran ya 10% por debajo del máximo alcanzado en enero.
La semana pasada los mercados continuaron su tendencia a la baja y se encuentran ya 10% por debajo del máximo alcanzado en enero.
El desempeño negativo fue consecuencia de un continuo incremento en la aversión al riesgo debido a un aumento en la incertidumbre sobre la fuerza y sustentabilidad de la recuperación económica y nerviosismo sobre una posible crisis de finanzas públicas en algunos países de la zona euro.
El tema de la fragilidad de la recuperación económica en los países desarrollados se había abordado en este espacio. En varias ocasiones hemos mencionado que no hay que perder de vista los riesgos latentes detrás del experimento de estímulos económicos más grande en la historia de la humanidad, cuyo desenlace es aún incierto.
En la edición de hoy nos enfocaremos en analizar brevemente la situación de las finanzas públicas de algunos países de Europa y sus implicaciones para el crecimiento económico y el desempeño de los mercados. Como consecuencia de la crisis financiera desatada en la segunda mitad del 2008, la mayoría de los países del mundo desarrollado implementaron políticas de estímulos fiscales muy agresivas para amortiguar el impacto de la crisis sobre la demanda agregada y la actividad económica.
Recordemos que la primera consecuencia de la crisis financiera fue un congelamiento del crédito, que había sido el principal motor de la demanda agregada en el ciclo 2003-07 en los países desarrollados.
A partir de este evento, los gobiernos tomaron la labor de estimular la demanda agregada a través de reducciones en los impuestos, aumentos en el gasto, la inversión pública y en algunos casos el rescate de instituciones financieras.
Estas medidas de estímulo han sido financiadas por un incremento en el déficit fiscal y la deuda pública de carácter temporal.
La esperanza de los países desarrollados es que una vez que la recuperación esté bien afianzada, se podrán ir retirando los estímulos y reduciendo los déficit públicos que están financiando estos estímulos.
Sin embargo, conforme surgen mayores dudas sobre la fuerza de la recuperación, también surgen dudas sobre la capacidad de algunos países de revertir la frágil situación de sus finanzas públicas.
Los mercados llevan ya algunas semanas preocupados por la situación de Grecia, debido en parte a la dimensión de su déficit fiscal (equivalente a 13% del PIB), pero sobre todo a la trayectoria de dicho déficit en un escenario de bajo crecimiento económico.
La semana pasada dicha preocupación contagió a otros países de la zona euro como España, Portugal e Italia (conocidos como los PIGS, por su sigla en inglés), cuyos déficit fiscales superan 10% del PIB, por arriba del límite máximo de 3% que impone la Unión Europea.
En términos estrictamente económicos, pareciera ser que hay una sobrereacción del mercado, ya que ninguno de estos países se encuentra cerca de la insolvencia y existen otros países como Alemania, Reino Unido e inclusive EU con déficit similares.
Sin embargo, el asunto va más allá de la situación económica y se ha convertido realmente en un dilema político dadas las implicaciones de un eventual incumplimiento de un miembro de la Unión Europea sobre el resto de la zona.
Aunque dicho evento es muy poco probable, el impacto real vendrá por el lado de la actividad económica.
Portugal, Italia, España y Grecia deberán enfrentar un ajuste fiscal draconiano en el corto plazo, tendrán que aumentar impuestos e imponer medidas de austeridad en un contexto económico aún frágil, poniendo en riesgo la incipiente recuperación económica.
Este torniquete fiscal que viene para estos países, que representan 37% del PIB de la zona euro, tendrá un impacto negativo en la actividad económica y podría empujar a estos países y a la región entera a una nueva recesión.
La alternativa de estos países sería dejar la Unión Europea y devaluar su moneda lo cual luce prácticamente imposible.
La otra solución sería intentar una reestructura de su perfil de deuda, lo cual luce complicado por la magnitud del monto (2 billones de dólares).
Ante esta situación, es probable que los mercados mantengan un alto grado de volatilidad y que el ajuste a la baja pueda prolongarse un poco más.







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