México 2010, una visión optimista pero coyuntural

CREDITO: 
Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Apesar de que existen muchas razones de fondo para estar pesimistas en cuanto al panorama para nuestro país, el 2010 podría ser un año relativamente bueno. De acuerdo con las proyecciones de crecimiento del PIB, que se han estado revisando a la alza de manera consistente durante los últimos seis meses, México podría ser uno de los países con un desempeño más contrastante entre el 2009 y el 2010. Basta recordar que el PIB durante el 2009 probablemente se haya contraído cerca de 6.8% pero que las proyecciones para el 2010 rondan entre 3.5 y 4.5%, con las más optimistas cerca de 5 por ciento.

En el 2009, México fue severamente impactado por factores exógenos que crearon la tormenta perfecta como la Gran Recesión en nuestro socio comercial más importante, la caída del sector automotriz en Estados Unidos que está estrechamente ligado a la industria maquiladora en México, la debacle de los grandes gigantes bancarios que tienen una gran presencia en nuestro país y por último la llegada de la influenza AH1N1.

Si bien en el 2010 no tendremos el equivalente a una tormenta perfecta en el sentido contrario, es decir el favorable, México sí se verá beneficiado por una serie de factores exógenos que ayudarán a nuestra economía a recuperar una buena parte de lo perdido en el 2009 en términos de crecimiento. México está bien posicionado para beneficiarse de la reactivación del crecimiento global y sobre todo de EU. La economía mexicana tendrá como principal motor al sector externo impulsado por la reactivación del ciclo de producción e inversión industrial a nivel global y la recuperación de sectores clave para la economía mexicana como el automotriz.

De acuerdo con JP Morgan, el crecimiento del PIB en México suele tener una relación de 2 a 1 con el crecimiento global, lo cual implicaría que si el pronóstico de crecimiento global de esa institución es de 3.5%, México en teoría debería crecer casi a 7 por ciento. Sin embargo, es difícil que el crecimiento llegue a esos niveles debido al impacto negativo a corto plazo que tiene la reforma fiscal aprobada a finales del 2009 y sobre todo a la rigidez estructural que rige la vida institucional y económica de nuestro país.

El riesgo principal a esta visión es, sin duda, una nueva recaída de la economía global y la de EU. Gracias a la miopía de nuestra clase política, cuyo único objetivo es el perpetuar su modus vivendi a través de metas electorales a corto plazo, nuestro país sigue sin motores de crecimiento internos, y muy vulnerable a los vaivenes de la economía global y de nuestro principal socio comercial. Mientras en otros países existen políticas de Estado para fomentar el crecimiento y la voluntad política de flexibilizar el marco institucional para hacer más competitivo el aparato productivo, en México nuestros políticos se dedican a cuidar y perpetuar el mecanismo de transferencia de recursos de la sociedad hacia ellos y sus grupos de interés.

Como en ningún país del mundo, nuestra clase política se la pasa bombardeándonos con anuncios y publicidad para tratarnos de convencer de lo bien que entienden las preocupaciones de la población y lo mucho que están trabajando en beneficio de todos los mexicanos. Para este columnista, este esfuerzo de comunicación es tan sólo una muestra del cinismo y distancia que existe entre la clase política y la problemática real de este país.

Mientras hay honrosas excepciones de funcionarios públicos y legisladores que realmente tienen en mente el progreso y están listos para enviar y revisar las iniciativas de reforma necesarias para que México pueda progresar, la mayoría pareciera que le vale madres todo lo que no tenga que ver con su sueldo, su bono, su partido (siempre y cuando esto esté alineado con sus intereses personales) y su siguiente hueso.

Si bien el panorama económico de México para el 2010 es alentador, sobre todo después de la tempestad del 2009 y a pesar de presagios catastrofistas de algunos iluminados, las perspectivas de mediano plazo lucen inciertas. El bono demográfico se sigue desperdiciando, pero a nuestra clase política el único bono que le interesa es el anual que reciben independientemente de su gestión.

El país tendrá un importante contraste con el crecimiento de su economía del 2009 comparada con el 2010, se beneficiará por el entorno exterior

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