¿Por qué ahorran tanto los chinos?
CREDITO: 
José Manuel Suárez Mier*

Sin saberlo, los ciudadanos de China ahorran en instrumentos financieros emitidos por el gobierno de EU.

En esta ocasión intentaré atender los comentarios de mis queridos lectores que plantean asuntos que no traté en mi artículo de la semana pasada (¿Habrá guerra financiera?) con la suficiente profundidad, que ignore por completo o que me sugieren analizar con mayor detenimiento.

Un perspicaz comentarista cuestiona que aluda a los “ahorros excesivos” de los chinos como una de las causas de los enormes y crecientes desequilibrios financieros internacionales, que amenazan con culminar en una nueva crisis, cuando se trata de ahorros voluntarios y no forzados por el gobierno.

La observación referida indica que “…sólo puede ser criticable (un ahorro abundante) cuando por la intervención en el mercado de cambios los productos extranjeros resultan caros mientras los nacionales baratos, como sucede en China”.

En adición a ello, varias de las políticas públicas seguidas por las autoridades de ese país son responsables de que los ciudadanos, las empresas y el propio gobierno ahorren más de la mitad del Producto Interno Bruto, y que su ahorro como proporción del PIB haya venido aumentando en esta década.

Primero, hay que mencionar el rápido crecimiento económico de los últimos treinta años, que fue sustentado en una migración espectacular de la población china del ámbito rural al urbano y del sector agropecuario al industrial y de servicios. La proporción de habitantes rurales pasó de 70% de la población total en 1980 a sólo 25% en el 2008.

Debido a la política seguida por el gobierno chino de permitir un solo hijo por pareja, su transición demográfica ocurrió en un tiempo muy corto, lo que resultó en un aumento de la fuerza de trabajo de 60 a 74% de la población, pero el crecimiento en el número de trabajadores está por desplomarse. Ello explica, en parte, un mayor ahorro de la población.

Adicionalmente están los obstáculos gubernamentales que impiden que los ciudadanos ahorren cómo y dónde ellos quieran, lo que los fuerza a depositar sus ahorros en bancos estatales que, en buena medida, los remiten al banco central que los usa para adquirir, primero, los copiosos dólares generados por su superávit comercial, y más adelante, bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Es decir, indirectamente y sin saberlo, los ciudadanos de China ahorran en instrumentos financieros emitidos por el gobierno de EU, aunque por la forma en que esto sucede, desde el exterior sólo se percibe que el banco central chino compra deuda pública de EU con una avidez enorme.

En tercer término está la percepción de los chinos sobre la insuficiencia y dudosa confiabilidad de los arreglos institucionales que hoy existen en su país en materia de pensiones y cobertura médica, por lo que los ciudadanos guardan más, con enorme sensatez, para hacer frente a su ancianidad.

Esta incertidumbre de cómo enfrentar el retiro se complementa por la derivada del sistema de libre empresa que tanto dinamismo ha inyectado a la economía china, pero que de ninguna manera ofrece la certeza de un empleo seguro de la cuna a la tumba, como el antiguo régimen lo hacía, aunque estuviera mal remunerado.

En cuarto lugar se encuentra el relativo atraso del sistema financiero chino por lo que hace al crédito al consumo, lo que implica que para hacer cualquier adquisición importante el comprador debe poner primero una cantidad elevada de recursos.

Para agravar esta situación aún más, los precios de los bienes raíces, que han crecido en China de forma espectacular, son muy elevados respecto del nivel de ingreso de sus habitantes. Sólo para dar el enganche de 30% requerido para comprar un apartamento, el chino promedio tiene que aportar 15 años de sus ingresos.

Por último, se encuentran las profundas transformaciones ocurridas en la esfera corporativa, al ser remplazadas las gigantescas e ineficientes empresas paraestatales con un dinámico sector de firmas privadas, lo que ha resultado en una elevada tasa de ahorro de este nuevo y pujante medio empresarial.

Previsiblemente, buena parte de estos elementos, que explican la enorme proclividad de los chinos para ahorrar, se revertirá en un futuro no muy lejano, lo que deja pendiente por resolver la cuestión central, que mi enterado lector también planteó, de cómo se financiará entonces el descomunal déficit fiscal y comercial de Estados Unidos.

aquelarre.economico@gmail.com

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