Ahora, Italia
El contagio es anímico, por lo que no hace falta un contacto directo para dispersar la enfermedad, como lo necesitaría un virus o una bacteria.
Hace falta simplemente que el primer ministro Silvio Berlusconi le pegue un par de gritos en público a su ministro de Finanzas, Giulio Tremonti, para que las miradas angustiadas de los mercados se posen de inmediato sobre Roma y su deuda.
Y Tremonti con ese ímpetu italiano poco ayuda a las finanzas de su país cuando dice: “Cuidado, si yo caigo, cae Italia y cae el euro, es una cadena”. Me pareció revivir el berrinche de Jorge Carpizo cuando renunció a la Secretaría de Gobernación en 1994 y ayudó a tirar las finanzas del país.
Este Ministro es bueno, reconocido en toda Europa, pero no es su renuncia lo que ahora espanta al mundo. Es la realidad de que Italia tiene que enfrentar una corrección fiscal acelerada para poder pagar todo lo que se endeudaron por años y eso no requiere de las sutilezas que pretenden políticos como Berlusconi, necesita de la mano más pesada al estilo Tremonti.
Pero más allá de esta combinación de las pasiones italianas con las deudas y los mercados histéricos que han enredado la situación de este país más que un espagueti, lo que espanta es la confirmación absoluta de que el contagio existe y se expande rápido.
Una deuda como la de Grecia superior a 150% de su Producto Interno Bruto es simplemente inmanejable para un país que no tiene motores económicos robustos.
El pronóstico para Grecia es poco alentador. Es prácticamente un hecho que en poco tiempo tendremos que ver un proceso de reestructura de una deuda que parece impagable.
Quizá Irlanda también estaba en la línea de lo inmanejable. El sistema bancario irlandés tomó una enorme cantidad de riesgos que acabaron por comprometer todo el sistema financiero de ese país.
Pero Portugal, Italia o España están en niveles altos de deuda y déficit fiscales, pero con margen de corrección si tan sólo la política local y los mercados se los hubieran permitido.
Era posible para Portugal, por ejemplo, corregir sus desequilibrios con un plan de austeridad interno, pero la política lo echó a perder, los mercados entraron en pánico y no tuvieron más camino que el rescate financiero que los desprestigia y los compromete mucho más en el futuro.
Japón, por ejemplo, tiene una deuda del tamaño porcentual que la de Grecia, pero nadie duda que los nipones van a dejar de pagar o van a fracasar en su intento de recuperación.
Porque a pesar del tamaño de la desgracia que enfrentaron en marzo con el terremoto, el tsunami y Fukushima, nadie duda de la potencia de sus motores de desarrollo.
El contagio crece y se ha expandido por Europa, alejando a los socios del bloque a dos extremos, en una esquina Grecia como un modelo fracasado y del otro lado Alemania como un ejemplo de cómo se hacen las cosas.
Entonces, en lo que parece ya un problema sistémico de la unión monetaria europea, hoy es Italia el que despierta las preocupaciones internacionales. Pero ya muy de cerca está España, que en estos últimos días ha empezado a recibir el castigo de los mercados.
España ya está en proceso de corrección, pero las infecciones financieras son muy ingratas con los procesos lentos de corrección y un castigo masivo puede descarrilar los esfuerzos españoles.
La primera piedra
La mejor noticia de la nueva oferta hipotecaria del Grupo Financiero Santander no es tanto lo atractivo del producto, con la tasa más baja del mercado, sino el hecho de que este banco se suma a la competencia en un segmento crediticio que se mantenía reprimido.
Este producto de Santander entra al mercado con una opción agresiva que seguro forzará a su competencia a ponerse más creativos, ya sea el diseño de sus créditos o al menos de su publicidad.
Por lo pronto, Banorte prepara una nueva opción hipotecaria que promete incrementar esta afortunada competencia en estos productos.
Como sea, esta competencia es la que más conviene a los clientes que tienen acceso a productos más baratos para financiar la compra de viviendas.












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