Se acerca el desenlace final para la eurozona

CREDITO: 
Joaquín López-Dóriga Ostolaza

La semana pasada los mercados financieros tuvieron un desempeño sumamente débil ante la falta de acuerdos por parte de los líderes europeos para encontrar soluciones concretas al rompecabezas económico de la eurozona.

En concreto, los mercados reaccionaron de manera muy negativa a los comentarios de la canciller alemana, Angela Merkel, que expresó su oposición a la emisión de bonos conjuntos por parte de la eurozona para financiar a un costo más razonable a países como España e Italia, que cada vez encuentran más dificultades para emitir deuda en los mercados.

Asimismo, el debate sobre el papel que debe jugar el Banco Central Europeo (BCE) como proveedor de liquidez de última instancia mediante la compra masiva de bonos de los países más afectados por la crisis de liquidez se ha polarizado aún más durante los últimos días.

La crisis de liquidez, y en algunos casos de solvencia, que enfrentan los países de la periferia europea amenaza con contagiar a otros países de la región y al sistema financiero global. Tan es así, que Alemania enfrentó una fuerte disminución en la demanda de bonos alemanes de la semana pasada.

Como hemos comentado en este espacio, el desenlace final de la actual problemática de la eurozona tiene sólo dos escenarios: una integración fiscal completa que termine en la creación de Estados Unidos de Europa o un desgajamiento de la eurozona con un bloque de países ricos del norte encabezados por Alemania y Francia, y manteniendo al euro como moneda común y la salida de los países de la periferia.

Aunque la mayoría de los votantes alemanes se opone al primer escenario –ya que éste implica una transferencia de recursos de Alemania a los países más endeudados financiada por los contribuyentes alemanes–, la mayoría de los políticos alemanes sabe que la situación puede llegar a tal deterioro que no les quedará otra opción más que asumir el costo de dicha integración fiscal.

Los líderes alemanes saben que el costo de permitir un desgajamiento de la eurozona podría ser mayor, en términos económicos, que el costo de la integración fiscal. La disolución total o parcial de la eurozona produciría un caos en el sistema financiero europeo y los mercados de capitales.

Adicionalmente, un regreso al marco alemán o el mantenimiento del euro como moneda única para un bloque de países del norte de Europa encabezado por Alemania resultaría en una apreciación masiva, ya sea para el marco alemán o para este nuevo euro. Esta apreciación masiva de la moneda provocaría una pérdida de competitividad sustancial para Alemania, cuya economía es altamente dependiente del sector exportador -las exportaciones de bienes y servicios representan aproximadamente 40% del PIB.

Aunque Alemania está consciente de que el escenario menos costoso es aquel de la integración fiscal combinado con una participación más activa del BCE como proveedor de liquidez mediante la ampliación de su balance -al estilo del programa de los dos programas de inyección de liquidez que ha implementado la Reserva Federal–, los líderes alemanes también están convencidos de que antes de tomar ese paso hay que agotar todas las posibilidades y sobre todo extraer el mayor número de concesiones del resto de la eurozona.

Alemania tiene la llave para resolver la crisis y sus líderes están muy conscientes; sin embargo, el camino de la integración fiscal será altamente costoso desde el punto de vista de política interna. Es por esto que Alemania no tomará acción definitiva hasta que haya logrado asegurar el mayor control posible sobre la toma de decisiones de Estados Unidos de Europa. Alemania buscará que los demás países cedan la mayor soberanía posible para asegurar suficiente influencia en las decisiones de ajuste fiscal y cambio estructural necesarias para salir del atolladero.

Al final del día, lo más probable es que Alemania venga al rescate de la eurozona, pero este día todavía puede tardar en llegar. Mientras tanto, los mercados permanecerán sumamente nerviosos y sujetos a la percepción sobre avances o fracasos en el camino a la integración fiscal. Desafortunadamente, nadie puede garantizar que los políticos tomen la decisión correcta desde el punto de vista económico.

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