Los banqueros centrales están blofeando

CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

Bernanke dijo a los medios el miércoles que 
la economía de su país estaba en plena desaceleración.

Draghi, presidente del BCE, prometió la semana 
pasada que haría todo lo posible para defender al euro.

Bajo la perspectiva de los mercados, los dos banqueros centrales de Estados Unidos y Europa son una gran decepción, porque no atinaron a usar sus recursos disponibles para apuntalar sus intereses.

Bajo la perspectiva de los diseñadores de las políticas monetarias, siempre será mejor verificar dos o tres veces que las decisiones que se toman son las correctas, pues se administra el dinero de toda una nación o grupo de naciones.

Es lógico que la voz que más se escucha es la de los mercados, que ven cómo las autoridades monetarias se acercan al precipicio y les gritan en coro que se avienten al vacío.

Ésta iba a ser la semana de los dos bancos centrales más importantes del mundo. El miércoles el que debía brillar era Ben Bernanke desde la Reserva Federal (Fed)y ayer era el día de Mario Draghi desde su más alto pedestal del Banco Central Europeo (BCE).

En Estados Unidos, la creación de empleos privados fue un poco mejor de lo esperado y este dato es suficiente para hacer titubear a un banco central que ya está muy limitado en el alcance de sus medidas.

Es posible que Bernanke y sus banqueros tengan una última carta bajo la manga, pero tienen que cuidarla hasta el final.

La Fed ha sido en buena medida un sustituto en el impulso económico ante la irresponsabilidad, porque no se le puede llamar de otra forma, del gobierno de Barack Obama y el Congreso dominado por los republicanos, que han preferido el cálculo electoral a las medidas de impulso.

La mejor medida de apoyo económico en estos momentos para Estados Unidos es de carácter político y tendría que llegar de parte de los demócratas y republicanos trabajando juntos. Algo imposible a tres meses de las elecciones presidenciales.

Ben Bernanke salió a los medios el miércoles a decir que la economía de su país estaba en plena desaceleración, lo cual es una verdad de Perogrullo, aunque cuenta si lo dicen desde la Fed.

Después garantizó tasas de interés en sus niveles actuales de prácticamente cero durante al menos dos años y medio. Algo ya previamente anunciado.

Además de la huida de los capitales de Europa para refugiarse en los papeles estadounidenses, han bajado las tasas por razones de mercado.

La posibilidad de un nuevo plan de liquidez se ve opacado por el bajo éxito de los dos planes previos de impresión de dólares de manera masiva.

Así que los mercados quieren que la Fed haga todo lo que pueda y que lo haga rápido para mantener la fiesta de los capitales, pero el banco central se toma sus pausas.

La situación en Europa es diferente. Allá también pesa la política. No serán los republicanos, pero sí son los alemanes los que cuidan sus votos, sus euros y su condición de nación desarrollada.

Mario Draghi, presidente del BCE, prometió la semana pasada que haría todo lo posible para defender al euro. Desde su dicho a la fecha ha de haber recibido toda clase de llamadas, las de presión y las de apoyo.

Tras la encerrona de los integrantes del BCE, Draghi salió a los micrófonos con la conciencia de que lo que tenía que decir habría de enojar y tirar a los mercados.

Otra vez, lo que los dueños de los capitales quisieran ver siempre es que se pongan a su disposición los recursos públicos o privados que sean necesarios para respaldar su causa, prácticamente a cualquier costo.

La primera respuesta es muy alemana y muy lógica: ¿Cómo rescatar a alguien que no lo ha pedido? Lo menos que pide el banco es que los países en problemas griten auxilio para poder aventarse al agua.

Esto pone presión en los gobiernos de España e Italia que deben aceptar que necesitan ayuda y tienen que pedirla.

Ésta fue una salida muy inteligente y decorosa para el banquero central que gana tiempo. Pero más que eso, obtiene la posición de recibir una petición de ayuda, antes que convertirse en un altruista que apoya a quien ve en dificultades.

La primera piedra

López Obrador debería entender que la movilización callejera es como el consumo de drogas: si no puede controlarla, que mejor no la use.

ecampos@eleconomista.com.mx

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Republicanos no

La referencia a los republicanos como los que controlan el Congreso de EEUU es una equivocación. Son los demócratas en ambas cámaras quienes, durante los dos primeros años de la presidencia de Barack Obama, gastaron millón millones de dólares para nada, en un proyecto de ley que nadie quiso ni puso leer. Durante ese período, los demócratas tenían todo el poder gubernamental. Los republicanos ahora tienen solamente una cámara, los demócratas la otra. No pueden hacer nada para cancelar las leyes previas que justifican los gastos; sólo pueden bloquear gastos nuevos, y eso es precisamente lo que hacen.

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