Con la tranquilidad de don Agustín
Al interior del Banco de México se sigue pensando que la economía mexicana habrá de crecer este año entre 3.5 y 4.25 por ciento. Pronóstico arriesgado para muchos analistas con las evidencias de desaceleración. Pero el Banxico se mantiene.
El tablero económico mundial está lleno de focos rojos. Europa enfrenta deudas impagables, déficit fiscales difíciles de corregir y una recesión que alcanza niveles incompatibles con los deseos de salir pronto adelante.
En Estados Unidos, la parálisis legislativa, derivada de la competencia electoral, tiene amenazada a la economía más importante del mundo de aplicarse en automático un plan de corrección financiera que incluye medidas recesivas.
La economía de Japón confirma su eterno estancamiento, mientras que China desacelera sus enormes motores económicos. Otras economías emergentes muestran un sobrecalentamiento, como Brasil, y otros latinoamericanos siguen cavando hacia abajo, como Argentina y Venezuela.
En medio de todo esto, revive en el mundo la crisis de los precios de los alimentos que disparan los costos de la comida, lo que anticipa tiempos difíciles para la subsistencia de millones de seres humanos.
Y en medio de todo esto, vemos a México como un búnker elegido por los inversionistas como un destino lo suficientemente seguro y con rendimientos más que atractivos.
Los extranjeros han confiado en los valores gubernamentales de este país, 1.32 billones de pesos. Y no lo convierto a dólares porque, justamente, son apuestas en la moneda nacional. Esperemos que los tenedores de estos papeles tampoco lo quieran convertir pronto y, sobre todo, de golpe a dólares.
Ese otro foco rojo económico que es el precio de la comida ya hace estragos en nuestro país. Al incremento mundial en los precios de los granos se suma la especulación derivada del brote de influenza aviaria de Jalisco de hace un par de meses.
El mercado está dominado por la especulación. No hay otra forma de justificar que el precio del huevo se mantenga más cercano a los 40 pesos el kilo que a los 17 en que estaba en mayo pasado.
Y qué tal los panaderos que salen a anunciar a los medios incrementos de 25% en el precio del bolillo, en lo que parece claramente una concertación de precios. Y lo hacen sin que una sola autoridad comercial les pida cuentas de por qué suben tanto el precio del producto básico, cuando los precios de los insumos no lo justifican. Y si respondieran que es por el precio del huevo, que no le vean la cara a la Profeco: el pan blanco no lleva ni clara, ni yema del producto de gallina.
Y en medio de este ambiente de desaceleración e inflación a la alza, aparece el apacible gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, a decirnos a todos: tranquilos.
La verdad es que la imagen tranquila del titular del banco central actual contrasta mucho con el anterior, que no paraba de sudar mientras anunciaba que la inflación mejoraba sustancialmente; era difícil creerle.
Sin tomar en cuenta sus alegorías verbales, que nos han llevado del catarrito al bache de agua y a las balas de plata, la realidad es que Agustín Carstens tiene bien ganada una reputación mundial.
Haber sido un serio aspirante a la dirección del Fondo Monetario Internacional elevó los bonos de este funcionario que, además, al encabezar un órgano autónomo como lo es el banco central, le permite fijar una agenda transexenal.
Carstens nos dice que dentro del banco que encabeza siguen pensando que la economía mexicana habrá de crecer este año entre 3.5 y 4.25 por ciento.
Pronóstico arriesgado para muchos analistas a estas alturas con las evidencias de desaceleración. Pero el Banxico se mantiene.
Y en cuanto a la inflación, que es su especialidad y principal preocupación, el banco central no tiene empacho en ubicarla por debajo de 4% al cierre de este año. Con lo que se cumpliría la cantaleta de 3% más –menos un punto porcentual.
No desaprovechan la oportunidad, en voz de Carstens, de insistir en la necesidad de cambios de fondo en muchas leyes nacionales, esto que es otra de las cantaletas tradicionales en la política mexicana.
Como sea, Agustín Carstens se ve tranquilo, confiado en el desempeño económico nacional y dice que las empresas mexicanas son competitivas, las exportaciones, crecientes y el sector financiero es sólido.
Para el próximo año no descarta una desaceleración económica, con una baja en la expectativa de crecimiento.
Pero por lo pronto, la tranquilidad de don Agustín se contagia gracias a toda esa credibilidad con la que carga a cuestas.










Difiero con su comentario
Buen día. Tal vez contagie ese sentimiento a usted, pero la credibilidad de este personaje no es tal como quiere hacernos creer. Su gestión en el FMI ha sido duramente cuestionada al igual que la de quien fué su jefe, (un español del cual no recuerdo el nombre) por no haber visto los claros signos de gestación de una crisis global. En México como puede tener la credibilidad que usted pregona, si tan famosa se volvió su frase de "catarrito" y despues no sabia como explicar los alcances y el PIB negativo de México. Como podemos creer los datos de inflación que nos muestran tan alegremente cuando los ciudadanos "de a pie" vemos como los precios de alimentos, gasolina y energeticos en general han subido hasta un 50% o más en lo que va del sexenio.
Por cierto, así como del Dr. Ortíz critica su fisonomia (por sudar) no crea que Carstens da una impresiñon de una persona saludable. A quien usted critica, el Dr. Ortiz, fue jefe de Carstens y en buena medida su maestro y fue quien dejo los cimientos macroeconomicos que tanto les gusta presumir a los panistas (parandose el cuello con sombrero ajeno).
Un respetuoso saludo.
Añadir comentario