Los aumentos a las gasolinas y el error de 3%
CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

En algo estoy de acuerdo con los periodistas y políticos cazadores de followers que han hecho del aumento en el precio de las gasolinas materia prima para otras causas diferentes a la defensa del bolsillo, y es en que fue un muy mal momento para la apertura del mercado de estos combustibles.

Vamos, cualquier incremento de precios diferente al salario tiene efectos en las finanzas personales, sobre todo de las personas con menores ingresos. Por lo tanto, nunca habrá un momento adecuado.

Pero la liberación de los precios de las gasolinas, que se aplica de facto con los precios máximos determinados por la Secretaría de Hacienda, llega justo a la par del arribo de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, justo cuando enfrentamos las peores presiones en décadas a la cotización del peso frente al dólar.

La reforma energética marcaba el 2018 como el año de la liberación de los precios y lo que decidió el gobierno federal, con el concurso del Congreso de la Unión, fue adelantar la apertura para este año. De hecho, en estricto sentido la apertura inicia en marzo próximo.

Seguro que si se esperan para aquel año que es electoral, sin duda que el aprovechamiento político habría sido mayor y quizá más violento.

Lo que sí debió hacer el gobierno federal fue aprovechar el 2016 para emprender el inevitable proceso de liberación de los precios.

De hecho, la propuesta gubernamental era dejar un techo alto de aumento de los precios de las gasolinas, para que se comportaran de acuerdo con los precios internacionales. Desafortunadamente, el partido en el gobierno y los de oposición optaron por poner un tope de 3% a los aumentos de los combustibles.

Es cierto que el precio fue estable durante la primera mitad del año y que fue en la parte final del 2016 cuando empezó a subir el precio del petróleo, el precio del dólar y los volúmenes de importación de gasolinas.

Sin embargo, este inevitable aumento se pudo haber repartido de una manera más extendida en el tiempo y no de un solo golpe de un día para el otro.

Falló el gobierno federal que no fue capaz de defender ese proceso de apertura, a pesar de haber incluido la propuesta en el Paquete Económico presentado a diputados y senadores desde septiembre del 2015. Lo contemplaron pero no lo defendieron.

Fallaron los partidos políticos que privilegiaron ese impune populismo legislativo del que padecemos en México. Y no hay muchos pretextos cuando el partido en el poder tiene mayoría suficiente en la cámara de diputados para haberlo hecho. Y en el senado habrá unos cuantos legisladores de oposición con dos dedos de frente que le habrían entendido.

Es bien fácil sumarse a la bola de indignados, azuzarlos y pretender que con esa motivación del enojo colectivo se obtenga algún beneficio personal. Desde más lectores hasta una candidatura presidencial.

El círculo de los que ven, leen, tuitean y opinan es muy pequeño pero nosotros pertenecemos a él. Es nuestro bosque y a veces no nos alcanza la vista para apreciar la aridez de la tan extendida pobreza del resto de los mexicanos.

Cuando se pretende reflexionar desde el bolsillo lastimado por un aumento, es muy difícil comprender que los cientos de miles de millones de pesos que se destinaban para subsidiar las gasolinas son una auténtica injusticia con aquella gran mayoría de mexicanos que no sueñan con un coche sino con tener algo que comer para hoy.

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