El orden global de ahora
CREDITO: 
Sergio Mota

Lo que resulta triunfante son las diversas formas de globalización, particularmente en la economía, en el empleo de la mano de obra y en las migraciones.

El filósofo alemán Nietzsche ante la generalización del egoísmo de su época y que el ser humano no tenía interés en la grandeza proponía una aristocracia planetaria. El resultado mundial fue funesto con la llegada de las bestias rubias con Hitler. Y ahora Trump.

No aprendemos. Regresan los nacionalismos, el racismo y la xenofobia. Nosotros los mexicanos somos víctimas del rechazo de una parte muy importante de la sociedad estadounidense encendida en sus instintos básicos por el resurgimiento de los supremacistas blancos. Y los propios estadounidenses están sufriendo esta avalancha primitivista que amenaza en varios lugares con la aparición de variantes de guerras civiles.

¿Y la democracia qué? Está faltando fortalecer la cultura de la tolerancia y de la pluralidad. Contribuyen negativamente las invasiones a Irak y Afganistán, la intervención de Rusia, Irán y poderes suníes en Siria, que producen emigraciones de millones de personas hacia los países europeos que han abierto sus fronteras como Alemania, pero que las han cerrado en otros como Hungría y Polonia. La emigración se ha convertido en tema pasional, como lo es la emigración de Guatemala, Honduras y El Salvador hacia México para después llegar a Estados Unidos.

Las participaciones de los partidos políticos en las elecciones ya no significan mucho para generar una ciudadanía política. Se observa en los niveles bajos de participación política en los países desarrollados y un modelo clientelista en los países en desarrollo.

Ocurre que la credibilidad de los partidos políticos está en declive y confirma una aseveración inglesa de que la credibilidad es como la virginidad, una vez que se pierde ya no se recupera.

Con todo, la democracia se ha convertido en una palabra mágica, pero ya no sabemos lo que significa. Al observar que las grandes ideologías están sucumbiendo, sólo quedan dos sopas: la tecnocracia y el populismo.

La tecnocracia quiere fortalecer la credibilidad de las instituciones internacionales que están en declive: la integración europea, la globalización y la disciplina fiscal. Pero esto le da armas a los populistas que recurren a la afirmación de lo local y lo nacional, hacen una crítica feroz a las ideas globales que no alcanzan a cuajar completamente. Y entonces ocurren el Brexit y el triunfo de Trump. Ambos eventos ofrecen como mensaje la pobreza de la cultura política y la manipulación de masas.

Prevalece como fondo del escenario de ideas ancla el liberalismo y algunas formas de economía mixta, pero la base normativa de ellas tiene sus problemas de incertidumbre.

Lo que resulta triunfante son las diversas formas de globalización, particularmente en la economía, en el empleo de la mano de obra, en las migraciones, sin que se deje de reconocer sus grandes dificultades como es el problema de su conflicto con los intereses nacionales.

La globalización de las instituciones políticas es apenas incipiente. No hay una perspectiva de avance importante de un orden basado en normas internacionales.

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