En sismos y huracanes, la vulnerabilidad
CREDITO: 
Sergio Mota

Hace algunas décadas el físico Emilio Rosemblueth, experto mexicano en desastres naturales, dijo que su especialidad consistía en “diseñar estructuras cuyo comportamiento desconocemos para que resistan movimientos de los que no tenemos idea”.

Estamos ante el enigma de esos acontecimientos telúricos que ocurren de manera imprevisible y ante los cuales podemos hacer poco.

También estamos indefensos ante los huracanes que se forman en la atmósfera por la evaporación de aguas más cálidas de lo normal. En su recorrido van acumulando fuerza y volúmenes de agua que toman del mar.

Con los huracanes el cambio climático es decisivo, por lo que la fuerza de ellos se puede aminorar con políticas que enfrenten el calentamiento global. Sólo un dato de sus efectos depredadores: se calcula que cada año por catástrofes climáticas 20 millones de personas en el mundo abandonan sus hogares. Ante esta evidencia, resulta lamentable la posición de Trump al rechazar los Acuerdos de París para reducir la producción de contaminantes.

Ahora Estados Unidos y países del Caribe vivieron la presencia de tres huracanes con efectos terribles. Son millones de personas las que tuvieron que emigrar para protegerse y muchos murieron.

A raíz de estos acontecimientos, emerge la necesidad de convocar a una cultura conservacionista de la naturaleza y control de contaminantes. Para ello es importante citar al gran explorador y naturalista Alexander Von Humboldt que dijo: “La visión más peligrosa del mundo es la de aquellos que no han visto el mundo”. Valiosa observación que tiene dedicatoria para los nacionalistas que no ven más allá de su nariz.

Tanto el sismo que ocurrió en nuestro país como los huracanes han propiciado la combustión de lo colectivo, tanto en lo íntimo como en lo público fortaleciendo lazos solidarios. Ya cuando paso todo, en Florida algunas voces dijeron: “Se fue Irma pero quedó Trump”.

Esta experiencia pone manos a la obra. Primero para cumplir las recomendaciones ya existentes en México, para asegurar que las construcciones civiles tengan la capacidad de resistencia. Esto para enfrentar los efectos sísmicos de mejor manera. En relación con los huracanes, consolidar los Acuerdos de París.

El sismo afectó más a Chiapas, donde estuvo el epicentro, y a Oaxaca. Los estados que ocupan los últimos lugares en comparación con el resto de los estados en la economía y sociedad, en infraestructura, educación, salud y empleo. Son los más rezagados y su población sobrevive con ingresos precarios. Un sismo como el ocurrido puso a parte de la población en la calle.

Si recordamos la rebelión de 1994 en Chiapas llegaremos a la conclusión de que no fue en contra del Estado mexicano, sino en contra del estado en que viven.

Tanto en Oaxaca como en Chiapas se están necesitando programas de apoyo así como la consideración de que se requieren impulsar mecanismos generadores de participación social.

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