El tipo de cambio en México

CREDITO: 
Esteban Martina*

¿Hacia dónde va el tipo de cambio? Por costumbre y siendo un país dependiente dentro del área del dólar, es claro que cuando hablamos del tipo de cambio nos referimos a la paridad peso-dólar y no a otras monedas. En estas últimas dos semanas esta paridad ha llegado a 11.48 en el mercado interbancario y pareciera que aún podría llegar al 11.20.

Los mexicanos (especialmente los de cierta edad), después de las experiencias de los 80 y 90, cuando la irresponsable y frívola política monetaria -aunada a la borrachera petrolera primero y después a la privatizadora- nos llevó al desastre, aún sentimos que esta situación sólo es temporal y que llegará el día que nos lleve a las épocas donde de un día para otro, el peso se devaluaba 50% o más.

Siempre puede volver a pasar, pero para un horizonte de corto y mediano plazo (desgraciadamente, en México llega a las elecciones del 2012) aunque no hay consenso que los factores externos determinantes para el tipo de cambio permanecerán estables, sí parece que las autoridades hacendarias tienen controlados los flujos de pago de deuda y el déficit. Esto es fundamental.

DIVISAS
Obviamente y dado lo anterior, la principal causa de que el tipo de cambio sea estable es que entren más dólares de los que salen (o al menos el flujo de entrada y el de salida sean parecidos).

Los flujos de entrada consisten sobre todo en los ingresos petroleros o de otros commodities, los envíos de nuestros compatriotas que viven en Estados Unidos, los ingresos por turismo, los ingresos por exportaciones -sobre todo automotrices- y las inversiones. Como se observa, todos ellos están condicionados por la salud económica de nuestro vecino.

El estado de salud de los Estados Unidos no parece muy estable y, como hemos planteado en esta columna, ellos mismos se debaten entre los que no desean incentivar a la economía y los que consideran que la misma necesita mucho más estímulo para poder recuperar su fuerza.

Nosotros opinamos que se necesitan más estímulos y de hecho, los recientes datos indican una desaceleración que esperamos que no sea permanente. No creemos que la inflación sea una amenaza por ahora.

OTROS FLUJOS

Por otra parte, el flujo proveniente de inversiones depende en parte también de que las condiciones de institucionalidad, de garantías jurídicas y de seguridad personal, de garantías laborales, fiscales, etcétera, sean competitivas comparados con países similares al nuestro. La situación aquí es surrealista, tal y como ocurre en México.

Todos nos damos cuenta de que en este aspecto estamos muy mal, se escriben torrentes de comentarios, se discute, analiza, etcétera, pero todo sigue igual o peor.

Nuestro pobre crecimiento refleja lo anterior, pero más que ello lo refleja la productividad del país, que es bajísima: ¡el producto interno por trabajador es igual al de 1960! Igual el salario promedio real.
Se argumentará que esto se debe en parte al colapso de los 70 y 80 que nos obsequió López Portillo.

Es verdad, pero la historia cuenta y el desempeño de la productividad en los 90 y la primera década del siglo XXI no es como para alegrarse y mucho menos ha borrado los efectos de la tragedia del sistema cuando el Presidente tomaba las decisiones económicas y financieras en Los Pinos.

Es por eso que, dada la ausencia de reformas, nuestro tipo de cambio sigue dependiendo sobre todo de la entrada de flujos. Y, ¿qué pasa si baja la producción petrolera? ¿Si hay otra fuerte recesión en Estados Unidos? ¿Si las balaceras cotidianas ahuyentan al turismo? ¿Si los trabajadores mexicanos en el vecino país pierden sus empleos? Y peor aún: ¿si en el 2012 las finanzas se vuelven a manejar en los Pinos?

*Esteban Martina es doctor en Física en la UNAM. Su interés principal ha sido la valuación y análisis de riesgo de activos financieros, especialmente opciones y otros derivados. Actualmente es socio director de PRO Consulting.
Comentarios y sugerencias en:
emartina@mailprocp.com

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