El 2009, ¿recuento de daños o beneficios?
Cualquiera pensaría que el 2009 fue un año de lo mejor para la industria farmacéutica dado el mayor consumo de medicamentos por la epidemia de influenza AH1N1, que se declaró en mayo, y la vacuna surgida que será obligatoria para la población vulnerable.
La realidad es que, al menos para la industria de medicamentos establecida en México, son contadas las empresas beneficiadas. Específicamente fueron la suiza Roche, por su ya famoso Tamiflu, y la inglesa GlaxoSmithKline, por su Relenza. Ambos fármacos demostraron eficacia para combatir el virus epidémico y mantienen su protección de exclusividad de venta que les da la patente.
El otro laboratorio ganador fue la francesa Sanofi Aventis por su vacuna antiinfluenza, que fue la que este fin de año terminó adquiriendo el gobierno mexicano, la cual empezó a aplicarse en forma selectiva en todo el país.
Para el resto de esta industria, dijo Jaime Uribe, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma), las cosas se pusieron difíciles, pues les afectó mucho el efecto de la depreciación del peso.
Así, aunque en pesos las ventas privadas de medicamentos bajaron un poco -de 3 a 5% menos en el año-, en dólares cayeron 18%, lo que significó un golpe fuerte, dado que gran parte de sus insumos provienen del exterior.
Conforme lo que nos precisó Uribe, esto no significó menores medicinas para los mexicanos (hablando aquí específicamente del mercado privado auditado), pues en términos de unidades, los laboratorios vendieron más del doble: 105% más en millares de cajas, frascos, blisters, etcétera. Aunque eso no les significó mayores ingresos.
Hasta aquí no hemos considerado más que mercado privado (fármacos vendidos en farmacias, cadenas de farmacias, supermercados, hospitales privados, etcétera) que abarca dos terceras partes del mercado farmacéutico mexicano y que asciende a unos 10,000 millones de dólares.
Si incluimos ventas a gobierno, la cifra sube a unos 14,000 millones de dólares y nos coloca como el segundo mercado farmacéutico en Latinoamérica después de Brasil.
El gobierno mexicano, hace ver el dirigente de Canifarma, aumentó igualmente el número de unidades adquiridas sin aumentar su presupuesto destinado a compra de medicamentos; por el contrario, logró ahorros por dos vías: tanto por licitaciones donde, con base en incentivar la férrea competencia, consiguió mejores precios, así como por la comisión negociadora en fármacos de patente donde los ahorros obtenidos siguen siendo grandes.
Que los médicos también sean éticos
Nos dice el Presidente de Canifarma que la industria es la más interesada en seguir fortaleciendo al Consejo de Ética y Transparencia (Cetifarma), de manera que ven bien el reforzamiento de sanciones a empresas que incurran en actitudes antiéticas. El punto es que también empujan para que el gremio médico tenga a su vez su propio consejo de ética y transparencia, y a la larga se incorporen hospitales, farmacias, distribuidores, académicos y todos los que participan en investigación clínica. El objetivo es lograr que la relación paciente-médico-industria en este país sea de lo más transparente y honesta.
Hospitales certificados
Resulta que hoy casi 50% de las unidades médicas del país están certificadas, lo que significa que cumplen con los requisitos que les avalan como instituciones con servicios médicos de calidad, con instalaciones adecuadas y personal calificado.
Eso aseguró el secretario de Salud, José Ángel Córdova, quien dice que incluso ocho hospitales mexicanos cuentan con la certificación de la Joint Comision Internacional (SCI), la agencia certificadora estadounidense con parámetros de elevada exigencia mundial. Aunque sabemos que esos ocho son básicamente privados, que pertenecen a la Asociación Nacional de Hospitales Privados (ANHP), sería importante conocer cuáles son, así como cada uno de los certificados con nombres y apellidos, y si son públicos o privados.
Con ello, sería de lo más sano arrancar de una vez por todas la competencia entre instituciones de salud, no sólo privadas, sino también gubernamentales para incentivar la eficiencia. Claro, que para las del gobierno se debe definir antes un esquema financiero que permita dar más recursos a la que atienda más y mejor a sus pacientes, y eso aún no existe.
mrcoronel@eleconomista.com.mx
Al menos para la industria de medicamentos establecida en México, son contadas las empresas beneficiadas.












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