Expectativas del poder
En memoria de don Luis Colosio
El poder sufre ante su dilema: gobernar o prever su continuidad. Un dilema además resbaladizo, ¿todos lo son?, pues gobernar bien debería ser el mejor remedio para superar esa tensión aunque, claro, no basta. Lo peor de todo:
no se sabe por qué no basta un buen gobierno para que un partido se mantenga en el poder. Todo indica que si el poder es por sí mismo inasible, al igual lo es la reflexión del elector, que sorpresivamente califica aspectos que ni gobernantes ni partidos tenían en su lista.
¿Por qué la señora Michelet, expresidenta de Chile, tuvo que entregar la Presidencia a un opositor calificado como de derecha? No se puede afirmar que gobernó mal. ¿Por qué en Honduras gana el candidato de la coalición de fuerzas que echó abajo al expresidente Zelaya? Alguno dirá con respecto al primer caso, el triunfador dispuso de más dinero para su campaña. Pero, esa ventaja no está documentada. Otro dirá con respecto al segundo, se manipuló el voto. Y tampoco aquí existen evidencias de ello.
Simplemente, sucede que las sociedades también se cansan y, de pronto, reivindican lo aleatorio que es lo suyo. Confirman el carácter imprevisible de sus tendencias, la no disponibilidad de nada, su multiplicidad y sus trayectorias diversas. La mejor apuesta es gobernar bien. Y después, Dios dirá.
Por eso, la alianza del PAN con el PRD y otras fuerzas de izquierda, con el único propósito de derrotar al PRI en las elecciones de varios estados, se presenta como un desafío a la libertad movediza de los votantes. Se quiera o no, se restringen las opciones sobre las cuáles decidir. Los resultados probarán si ellos querían esto y si ese paso lanza alguna señal para el 2012.
Puesto que la ley permite esas alianzas, no tiene caso cuestionarlas ni menos todavía poner el grito en el cielo. Pero, no se puede dejar de observar, por una parte, que ellas imponen, sin decir agua va, un bipartidismo “de facto”.
Entonces, el tan manoseado paquete de reformas políticas se hace polvo, ya no se necesita. En las presidenciales del 2012, bajo los mismos argumentos, sólo habrá dos contendientes de peso y “la formación de mayorías” en las cámaras será casi automática. Por otra parte, el perfil de los candidatos tendrá ahora mayor peso. Así, la política habría hecho más eficaz la democracia.
El poder sufre ante su dilema: gobernar o prever su continuidad. Un dilema además resbaladizo, ¿todos lo son?, pues gobernar bien debería ser el mejor remedio para superar esa tensión aunque, claro, no basta.







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