Gobierno igual a seguridad
“Dar forma al vacío, construir”,
Libro de los Antiguos Misterios.
En Ciudad Juárez, los jóvenes asesinados en grupo hace dos semanas, reunidos para celebrar la vida, señalan el más allá del límite. Se ha perdido la libertad de vivir ante la violencia absoluta de las células del crimen organizado. Violencia absoluta, matar por matar, a quien sea, a estos muchachos por oír música o por un error, a aquella pareja que se atravesó en el camino, a las trabajadoras de las maquiladoras al salir del trabajo en la madrugada, a policías y militares desprevenidos o mal armados.
Matar por matar, secuestrar, asaltar, imponer cuotas por la protección, no te pasará nada si me pagas 15,000 pesos al mes. Pulsión de poder y de destrucción, pulsión de muerte la llamó Freud.
Ella instiga el deseo, según el padre del psicoanálisis, y el deseo implica un objeto, por tanto, un cierto orden, una ley, una estructura del lenguaje, el imaginario y de la acción efectiva. Pero todo indica que la pulsión se ha perdido y el deseo, y el lenguaje. No hay palabra, se desvanecen su poder y su no poder, huye la escucha. Se impone la pulsión de matar. No se desea. El dinero es sólo la huella de una circulación simbólica de segundo grado. El primero es la aniquilación y la destrucción del otro. Y el número de víctimas marca el récord del más poderoso.
Se está en la desinstitución de sociedad, política y gobierno. No se trata simplemente de ingober-nabilidad o de una situación conflictiva sino de una oleada de destrucción. Y la reconstrucción de las instituciones, paradójicamente sólo la pueden llevar a cabo las instituciones. Les asiste la razón política a los padres de esos muchachos movidos por una ira incontenible. Jaloneos e insultos es cierto, no agregan nada, pero el reclamo les pertenece y lo hacen en nombre de todos.
Decir que todo eso debía dirigirse a los homicidas es una premisa falsa y de consecuencias aún más desastrosas. Después no quedaría más que armarse y hacerse justicia por propia mano. “Guerra de todos contra todos”, sentenció Hobbes. Para que esto no suceda está el gobierno y, en términos políticos y reales, él es el responsable de la seguridad y, claro, de todo lo que suceda en el abismo de la inseguridad. Hay que repetir una y otra vez: gobierno es seguridad.
En Ciudad Juárez, los jóvenes asesinados en grupo hace dos semanas, reunidos para celebrar la vida, señalan el más allá del límite.












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