Así son las cosas
“Mil sentidos, infinitud,
fuerza de la vida”.
J. Hoffmann, Marcher dans le désert
Si la fortuna se acompasa con el tiempo, en un segundo giro y hasta el infinito, la política debe ser construcción de la posibilidad. Pero, en un primer giro, la política es el arte del engaño, comenzando con el poder, que si no es engañado, si no se le sigue el rastro como mentira absoluta, su sombra, sin decir siquiera agua va, siembra violencia y desorden. La tentación, la carga, oscila en ese entre-dos: abrir la posibilidad o ceder a espejismos que son pura nada.
El momento del país calienta al rojo vivo esos dos axiomas. Se está en el primer giro, que se presenta siempre como una comedia de equivocaciones. No se sabe quién engaña a quién, ni con qué fines. Ni nadie puede adoptar tonos de “gran señor” e irse vanagloriando de que dice siempre la verdad, lo que es imposible, y no es lo que está en juego. La cuestión, la única cuestión en este recodo del camino es, el poder ¿para qué?
El moralismo del “caballero del bien”, como le llama Hegel, aquí, no sirve para nada. Ni en ningún lado, se agregaría. Lo contrario de la moral que, como tal, se arriesga a atravesar el tumulto, asumiendo los peligros del “curso del mundo”. Por eso, los reclamos y condenas de los falsos amigos de ese “caballero”, los aires de escandalizados y el gesto de taparse la nariz ante este “hediondo lodazal”, como dicen, no son más que actuaciones en la puesta en escena. Lo sabe el ciudadano que ve de lejos la representación y se sigue de largo moviendo la cabeza y diciendo para sus adentros: “Así son las cosas”.
Maquiavelo piensa que el príncipe “debe” engañar si así avanza el proyecto de la República. La República es el único bien a tutelar. En efecto, se está en una guerra. No se engaña por engañar, no es un “divertimento”, sino la táctica de una estrategia general de lo efectivo, lo que significa ejecutividad en el camino hacia la justicia.
El príncipe es el que sabe esto, y adopta entonces las figuras del zorro y el león, “porque el león no sabe protegerse de las trampas, ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos”.
La política es el arte del engaño, si no se le sigue el rastro como mentira absoluta, su sombra, siembra violencia y desorden.








Añadir comentario