SPE, anclaje de la credibilidad
El próximo año, el Instituto Federal Electoral (IFE) asumirá el reto de organizar las elecciones más grandes de la historia de nuestro país. Más de 80 millones de ciudadanos tendrán el derecho de votar para renovar al Presidente de la República y al Congreso de la Unión.
Para esta tarea, el IFE cuenta con un cuerpo profesional de trabajadores con experiencia en la organización de siete elecciones federales. La creación del Servicio Profesional Electoral (SPE) fue respuesta a la demanda ciudadana para dotar a las elecciones de certeza, legalidad, independencia, objetividad e imparcialidad.
Los cuestionamientos de finales de la década de los 80 sobre la autenticidad de la competencia electoral propiciaron que, con los cambios que dieron origen al IFE en 1990, se dispusiera la creación de un cuerpo de profesionales que organizara las elecciones en el país.
Así, la independencia frente a las presiones políticas y gubernamentales se volvió un requisito para la transición a la democracia. Especialmente después de 1988, cuando los cuestionamientos a los resultados electorales se vinculaban con que funcionarios del gobierno ejercían como autoridad electoral, y a su improvisación, ya que se les contrataba o designaba para realizar algunas actividades específicas de un proceso electoral.
El cambio político exigía diseñar nuevas instituciones. De ahí que la reforma constitucional de 1989, que dio origen al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales y a la creación del IFE, también sentara las bases para la integración de un servicio civil de carrera en materia electoral.
Con el marco legal que dio origen al SPE, la necesidad de construir confianza en la lucha por el poder político y transformar la percepción de las elecciones obligó a crear instituciones hoy indispensables en la vida democrática.
Se conformó un nuevo padrón electoral y la credencial para votar; se diseñaron procedimientos para eliminar la discrecionalidad de la autoridad electoral; se instituyó el sistema de medios de impugnación para garantizar los derechos políticos y la imparcialidad de la autoridad; se ciudadanizaron los órganos de decisión, y se creó un SPE para evitar que el árbitro se sometiera a las presiones de los poderes públicos.
En junio de 1992 se realizó la primera convocatoria para ocupar 2,236 plazas del IFE. Los ganadores serían responsables de la organización del proceso electoral 1993-1994 en el territorio nacional. Desde entonces, el IFE cuenta con un cuerpo de profesionales en las 32 entidades y en los 300 distritos en que se divide la geografía nacional para efectos electorales: ellos son responsables de instrumentar la fiesta de la democracia. Y todos ellos, igual que en cualquier servicio civil de carrera, están obligados a las disposiciones de las cinco áreas del SPE: Ingreso, formación, evaluación, promoción, y sanciones e incentivos.
Naturalmente, el SPE ha evolucionado en tres etapas: la primera es la que mencioné en el párrafo anterior; la segunda en 1999, derivada de la reforma de 1996, que le dio autonomía constitucional al IFE y ciudadanizó sus órganos de decisión, y la tercera, que inició en el 2009 y concluyó con la renovación del Estatuto del Servicio Profesional y del Personal Administrativo del IFE, propició una importante movilidad y le dio mayor flexibilidad a su funcionamiento para apuntalar la eficiencia.
En esta etapa se celebró el concurso más grande de la historia del IFE, con más de 16,000 aspirantes para cubrir 330 vacantes. Los exámenes de conocimientos generales y técnico-electorales estuvieron a cargo del Ceneval y se incorporaron Tecnologías de la Información y comunicación para garantizar objetividad, confidencialidad e imparcialidad en los resultados.
Producto de este concurso, la estructura del SPE se integra por 2,255 plazas, de las cuales 91.4% está en los órganos desconcentrados del país, y 8.6% está en oficinas centrales. Estos funcionarios son profesionales comprometidos con los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, y la mayoría ha participado en la organización de siete procesos electorales.
Por ello considero que para hacer frente a la jornada electoral más grande y compleja de la historia (casi 80 millones de electores, 53 atribuciones por primera vez en una elección presidencial, 15 elecciones locales concurrentes, casi 150,000 casillas), el IFE está mejor preparado que nunca. La experiencia, capacitación y convicción de los funcionarios del SPE, aunada a los ciudadanos que acompañarán al IFE en el proceso electoral 2011-2012, constituyen la mayor garantía para consolidar nuestra democracia en los próximos meses. Ciertamente, para darle credibilidad a nuestra democracia fue necesario profesionalizar a los funcionarios electorales, y hoy, además, podemos afirmar que sin profesionales de carrera no habría credibilidad en las autoridades electorales ni gobernabilidad.












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