Políticos y cultura
No es frecuente que los políticos mexicanos se definan por una importante cultura, aunque han existido casos notables. Lo más común es que sobresalgan por declaraciones audaces, populacheras o chispazos respaldados, en el mejor de los casos, por una lúcida idea.
Tampoco un político tiene que ser culto. Lo que sí necesita es conocer la historia del país, la Constitución Política y los problemas nacionales así como la forma más conveniente de resolverlos. Tampoco cultura es sólo literatura o ballet. Son muchas las manifestaciones humanas que la expresan.
México es valorado internacionalmente por su amplia cultura y la originalidad de ella. Todos los países, sobre todo los desarrollados, la aprecian y desean ofrecer a través de sus gobiernos exposiciones y conferencias de lo que hemos creado por siglos. Cuando ello ocurre, hay resultados exitosos. Nos abre caminos positivos para las relaciones diplomáticas.
En el siglo XIX, cuando empezamos a ser independientes, tuvimos políticos que fueron notables intelectuales. Lucas Alamán, Guillermo Prieto, José María Luis Mora y Matías Romero son ejemplos. Durante el porfirismo también existieron destacadas figuras, sobre todo los agrupados en el círculo de los “científicos” que sostenían las tesis del positivismo. Pero si bien los mencionados constituyeron parte de la élite cultural, también el pueblo aportó muestras de un gran salto hacia adelante en la creación artística.
En el México reciente, sobresalen por su sólida formación cultural dos expresidentes: José López Portillo y Miguel de la Madrid. Ambos universitarios elevaron la calidad del discurso y la discusión política.
Los dos habían sido abogados y maestros universitarios. López Portillo fue profesor de Teoría del Estado; De la Madrid, de Derecho Constitucional. López Portillo abrevó en la cultura muy joven y tenía como antecedente a su abuelo, José López Portillo y Rojas, considerado uno de los grandes escritores del siglo XIX. Sobresale por su calidad la novela La parcela escrita en 1898.
El Presidente López Portillo publicó algunos títulos como Génesis y Teoría del Estado Moderno, Quetzalcóalt y Ellos vienen. La Conquista de México. Es muy apreciada su recreación sobre los fundamentos mitológicos del mundo prehispánico, a partir de la figura de Quetzalcóalt, personaje mitad hombre-mitad mito. Su gran biblioteca era una joya.
Miguel de la Madrid es autor de libros sobre derecho, política y economía. Algunos de sus títulos recientes son Cambio de Rumbo y Una mirada hacia el futuro, en los cuales formula reflexiones sobre su ejercicio gubernamental y también lo que considera temas importantes que se deben abordar de cara al futuro.
Asiduo lector de novelas históricas y de ficción, así como de política y economía, sus lecturas lo mantienen informado.
En el Fondo de Cultura Económica, paraestatal de la que fue Director General, fomentó la transformación de la casa editorial y de sus subsidiarias repartidas en países de América Latina y en Estados Unidos. Dirigió la creación de nuevas colecciones, además de continuar editando a los autores mexicanos consagrados, así como a nuevos talentos. Estos dos ejemplos no subestiman a personajes de la vida mexicana que combinaron su desempeño como funcionarios públicos con la creación literaria, el análisis político y económico, la investigación sociológica.
Sobresalen José Vasconcelos, Samuel Ramos, Manuel Gómez Morín, Octavio Paz, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Sergio García Ramírez y Miguel González Avelar.
La cultura es un todo envolvente a las actividades que el hombre realiza solo o en sociedad, para satisfacer sus necesidades: lo que aprende, otros lo han hecho. Y lo que hace es producto de las diversas formas que el hombre ha desarrollado para facilitarle las cosas. Para vivir más y mejor. La tecnología, en este contexto, es un producto cultural. En la antigüedad fue el caballo de Troya el instrumento de poder y ventaja comparativa.
El desarrollo económico y social tiene su origen en un cambio cultural. La idea de que el cambio y la causación culturales son necesarios para el desarrollo económico, implica que el subdesarrollo es producto del atraso cultural. La suposición es obvia: para que ocurra el desarrollo es esencial adquirir los valores, actitudes y crear las instituciones que reflejen y favorezcan la racionalidad.
Con todo, el que nuestros políticos califiquen bajo en cultura no es muy grave. Sí lo es, en cambio, si no entienden al mexicano, a quien deberían querer representar.












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