¿Un nuevo déjà vu?
CREDITO: 
José Ángel Gurría*

Nos gustaría pensar que ya hemos pasado por lo peor de la mayor crisis en 70 años. Y, sin embargo, los derivados, principales culpables de la crisis financiera, siguen representando 10 veces el PIB mundial y contando. Una importante adquisición de US8,500 millones tiene a los analistas especulando sobre una nueva burbuja punto com.

Algunas economías emergentes están mostrando signos clásicos de recalentamiento en los precios de los inmuebles, los créditos al consumidor y las ganancias bancarias que llegan a los máximos históricos.

Podríamos ser perdonados por preguntarnos si hemos aprendido algo en los últimos años. Recibiríamos menos perdón si involuntariamente estuviéramos preparando el terreno para la siguiente crisis y nadie sonara la alarma.

Si las instituciones internacionales hacen su trabajo y cumplen su objetivo, tenemos una buena oportunidad para evitar los errores del pasado. La crisis ha puesto claramente de manifiesto el papel de organizaciones como la OCDE. Estamos coordinando nuestros esfuerzos, como nunca antes, con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y la Organización Internacional del Trabajo.

Pero aún queda mucho por hacer. El G-20, los gobiernos, actores de la sociedad civil y ciudadanos de todo el mundo tienen ahora mayores expectativas sobre nosotros. Desde la fundación de la OCDE hace 50 años, ésta ha ofrecido un foro único donde líderes y responsables en la toma de decisiones se reúnen para discutir qué políticas funcionan y cuáles no.

Hemos tenido una sólida trayectoria librando a personas de la destrucción económica y social, comenzando con el Plan Marshall tras la Segunda Guerra Mundial. Ayudando a los gobiernos y países a comprender que la interdependencia de sus economías y sociedades abrió camino a una era de cooperación.

Al abordar la más reciente crisis hemos conseguido algunos resultados concretos: el cierre de los paraísos fiscales a nivel mundial para que los contribuyentes y recaudadores estén seguros de que todos estamos contribuyendo para mejorar la situación. Los estándares de la OCDE para combatir el soborno internacional tienen un alcance global con Rusia, que está a punto de convertirse en el país número 40 en suscribirse a éstos.

El soborno quita el dinero de las manos, la comida de las bocas y socava el desarrollo. En un esfuerzo por dar un renovado enfoque en la necesidad de una sólida gobernanza corporativa, hemos revisado a fondo nuestras directrices internacionales para empresas multinacionales. Seguimos presionando para que haya una separación en arriesgadas actividades de inversión, tales como las derivadas de la banca minorista. Y estamos haciendo esfuerzos reales para abordar el déficit en la educación y protección financiera de los ciudadanos que de manera tan flagrante reveló la crisis.

Estamos dirigiendo los esfuerzos del G-20 con el fin de aplicar la protección adecuada al consumidor para que la gente nunca se encuentre en una posición en la que firme un documento de hipoteca que no entienda.

En regiones como el Medio Oriente podemos aportar nuestra experiencia para ayudar a reconstruir sociedades y economías, como lo hemos hecho a lo largo de Europa Occidental y Oriental.

Y estamos dando un empuje a las fronteras del conocimiento y la comprensión al cuestionar la sabiduría convencional. Después de siete años de trabajar para medir de una mejor manera el progreso social, la presentación de Tu índice para una vida mejor está diseñada para responder a una demanda acumulada de los ciudadanos de todo el mundo para ir más allá del PIB como el medio para medir el bienestar y evaluar el progreso.

Al dar a la gente común el instrumento para medir su bienestar, estamos cambiando la cara del diseño de las políticas públicas, ayudándolos a ayudarnos a ofrecer las mejores políticas públicas para mejorar sus vidas.

El sistema anterior a la crisis nos defraudó. Tenemos que restaurar la confianza y cumplir con lo que la gente más quiere –crecimiento y empleos-. La mejor manera de hacerlo es a partir de los hechos, las pruebas, las cifras, para compartir las mejores prácticas, para hacer una evaluación honesta de lo que funciona y lo que no. Y elaborar estándares que permitan garantizar a la comunidad global que pueden beneficiarse de la sabiduría acumulada de la experiencia. Una buena política pública trata sobre las buenas ideas. No existe monopolio político en éstas. Deben formularse no en los rincones de la competencia del panorama político, sino más bien, en el nexo donde la economía, el gobierno, el sector privado y la gente común se reúne.

Naturalmente no estamos fuera de peligro en lo que a la crisis se refiere. Es muy humano dejarse confundir por una ilusión y terminar de nuevo donde empezamos con lo mismo de siempre. Sin embargo, sería una tentación de la cual nunca podríamos perdonarnos a nosotros mismos si cayéramos.

*Es Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

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