El problema de los caducos

CREDITO: 
Maribel R. Coronel

En un conflicto legal, ético y financiero -y, realmente, más grande de lo que se cree- se ha convertido el asunto de los medicamentos caducos en México. Y es hora de que la industria y el gobierno encuentren una solución.

De lo contrario, el propio sistema seguirá incentivando un mercado negro donde se hace negocio ilegal de fármacos caducos, junto con robados, falsificados y muestras médicas, impulsado por las propias farmacias y a costa de la salud de los mexicanos.

Hablamos aquí no de los medicamentos caducos que en las casas se tiran a la basura, sino de los grandes volúmenes de fármacos que mensualmente caducan en los estantes de las farmacias y que no pueden ser devueltos a los laboratorios, de modo que los farmacéuticos logran recuperar un tanto de la pérdida vendiéndolos a recolectores para la venta en tianguis o entre los llamados varilleros.

Es un problema de riesgo sanitario porque adquirir y consumir fármacos caducos sin saberlo –que, evidentemente, es la gente de menores recursos- puede ser peligroso por la menor eficacia o la mayor toxicidad del fármaco. Lo menos que puede pasar es que el fármaco caduco no tenga ningún efecto, pero eso incluso puede derivar en progreso de la enfermedad, creyendo que se está tomando el tratamiento.

Es un problema financiero y legal para los laboratorios porque tienen que cubrir la pérdida de la producción que no se vende. Algo así como los créditos irrecuperables en la industria bancaria que, al registrarse en cartera vencida, deben asumir la pérdida y respaldarlos con capital.

Es un problema económico por las implicaciones en la economía informal e ilegal pero, también, porque los fármacos caducos generan incentivos perversos para un sector que se supone que tiene gran responsabilidad en torno de la salud de la población.

El conflicto fue presentado a Mikel Arriola desde que llegó a la Cofepris por parte de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma) que preside Rogelio Ambrosi; la Asociación de Distribuidores de Productos Farmacéuticos (Diprofar), que agrupa a las principales distribuidoras como Casa Saba, Nadro, Marzam, Almacenes de Drogas, Fármacos Especializados y Proveedora de Medicamentos, y la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF) que preside Sergio Duplán.

Aunque la Cofepris tiene todo para imponer orden en el asunto, Mikel les ha pedido que se pongan de acuerdo como industria. Aparentemente, hay voluntad de todas las partes que componen la cadena y ya hubo un primer acuerdo de entendimiento, pero es la hora en que no se ha llegado a una real solución. El meollo del asunto está en que nadie quiere asumir la pérdida del medicamento que caducó sin venderse. Internacionalmente, la regla es que el fabricante acepta la pérdida contable al momento de caducar el fármaco. Pero no se entiende por qué México es el único país donde esa regla no se aplica. Y las matrices no están dispuestas a cambiar las cosas, menos en estos tiempos de capa caída.

Varias de las principales farmacéuticas internacionales (como Roche y Eli Lilly) no aceptan la devolución del medicamento caduco (Sanofi y Merck recién apenas lo aceptaron) y terminan, entonces, caducando en los almacenes de las distribuidoras. Las farmacias cuando pueden devolverlo lo hacen con meses de anticipación a la caducidad.

Con las pláticas entre autoridades y empresas, se ha concluido que la solución es que el fármaco mantenga 100% de su valor económico desde la cuna hasta la tumba, es decir, desde que sale del centro de fabricación hasta que termina su periodo de vigencia, pero para ello los laboratorios tienen que aceptarlo. Y es donde están atoradas las cosas.

¿Por qué no es fácil encontrar Tamiflu?

Justamente debido a que Roche no acepta devoluciones es que se da la percepción de desabasto del antiviral Tamiflu en farmacias y hospitales en plena época de influenza. Y es que muchos establecimientos no quieren que les suceda lo que en la epidemia del 2009, cuando compraron mucho Tamiflu y, al final, se quedaron con muchas cajas del fármaco, que caducó en sus anaqueles. Entonces, asumieron la pérdida. Hoy prefieren no arriesgarse y adquirirlo a cuentagotas conforme se los piden. Pero la gente lo necesita en el momento y como no lo encuentra tan fácil, se queda con la idea de que hay desabasto.

mrcoronel@eleconomista.com.mx

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Es problema de normatividad y falta de voluntad política

Como bien se menciona en el artículo, es un grave problema, no por la caducidad en si, sino por los destinos finales que se dan a los caducados.
Como no conviene tener medicamentos que puedan caducar, no se tienen en la farmacia y desde luego, no se logra la venta cuando el médico prescribe, lo que origina a su vez que el médico recete otra cosa y así se olvide del medicamento que primeramente prescribió; lógico, el fabricante no va a vender su medicamento.
Si los laboratorios se hicieran responsables de su medicamento, podrían tenerse en inventario y seguramente habría mayores ventas del mismo. Miopía de los laboratorios.
Anexo un enlace interesante sobre el tema:
http://desdeuricuaro.blogspot.com/search/label/Caducidad

Buen comentario la verdad son

Buen comentario la verdad son cosas que uno no imagina de la nindustria farmaceutica,seria bueno tambien un tema de veterinaria porfa gracias.

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