Casa Saba ¿a punto del incumplimiento?
Salud
Maribel Ramírez Coronel
Periodista en temas de economía y salud
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CREDITO: 
Maribel R. Coronel

Cuando en septiembre de 2010 Grupo Casa Saba, que preside Manuel Saba, anunció la compra de Farmacias Ahumada (FASA) por más de 6,000 millones de pesos, la noticia fue muy bien recibida por el mercado y por todo el mundo, pues era una expansión lógica de uno de los dos principales distribuidores mayoristas de fármacos que extendía su negocio a las ventas al menudeo y que le llevaría a tener cerca de 1,500 farmacias distribuidas por América Latina.

La operación se vislumbraba positiva porque le generaba enormes y constantes flujos de efectivo, le permitía grandes sinergias y le convertía en la comercializadora de medicamentos más grande de América Latina con puntos de venta en México, Chile, Perú y Brasil.

Lo que entonces no se tenía claro es que el precio que estaba pagando era demasiado alto y la operación estuvo muy apalancada.

Hoy la sospecha es que, una de dos, o su vendedor -la familia Codner, de Chile- sobrevendió las fortalezas de FASA, o Casa Saba como comprador sobreestimó las ventajas y los flujos a futuro por la venta al menudeo en sus negocio de farmacias de modo que se comprometieron de más con sus acreedores.

El hecho es que les está costando sangre, sudor y lágrimas y sus actuales flujos no están siendo suficientes ya no digamos para pagar la millonaria deuda asumida, sino incluso para cubrir los intereses, y eso ya lo empezaron a notar en el mercado. Las acciones de Casa Saba en la Bolsa Mexicana de Valores están suspendidas desde mayo, y en Nueva York se deslistaron en diciembre.

La primera señal de alarma fue la venta de sus farmacias en Brasil en enero (aunque antes ya había vendido las de Perú) y, la segunda, hace unas semanas, el sorpresivo cierre de Citem, su distribuidora de publicaciones impresas que competía con Intermex, de Televisa y Dimsa, subsidiara de la estadunidense PMGI. Acaban también de hacer una oferta pública para vender las farmacias en Chile.

Aunado a ello, entre el gremio farmacéutico –entre los cuales hay enojo con Saba por los retrasos en sus pagos- se extiende la versión de que la empresa podría estar a punto de caer en incumplimiento e incluso se habla de declararse en concurso mercantil.

Se dice que sus acreedores –HSBC, de Luis Peña, y Banorte, de Alejandro Valenzuela- ya lo tienen claro, pero no quieren jalar el gatillo porque lo que más les conviene es ayudar a Casa Saba a vender el negocio lo mejor posible. Eso para un banco es mil veces mejor a un default de un cliente importante…

Sabemos que ya hay un banco de inversión asesorándolos en un profundo proceso de reingeniería y lo que es de esperarse –no se le puede desear el mal a ninguna empresa- es que todas esas desinversiones obedecen a que ya hay una estrategia para precisamente no caer en incumplimiento de pagos con sus acreedores.

Y es que hay otro dato preocupante: el financiamiento que tiene emproblemado a Casa Saba dio como prenda no sólo sus activos existentes sino incluso documentos por cobrar que en los hechos son inventarios (medicamentos) de sus proveedores, es decir de las farmacéuticas. Eso significa que si Casa Saba llegara a caer en concurso mercantil, HSBC y Banorte tendrían mano y los laboratorios estarían en segundo lugar, si es que alcanzan los activos para pagar.

@MaribelRCoronel

mrcoronel@eleconomista.com.mx

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