Crece la infertilidad 
y el negocio 
también
CREDITO: 
Maribel R. Coronel

Conforme crece la industria médica de reproducción asistida, se eleva la urgencia por legislar todo lo relacionado con las complejas y a veces controvertidas técnicas utilizadas para que una pareja logre procrear un hijo.

El problema es que, mientras no haya reglas claras, es elevado el riesgo de que algunas clínicas de laxa ética fomenten —voluntaria o involuntariamente— un mercado negro indeseable de lo que es la materia prima para este sector. Hablamos de semen, de óvulos o, incluso, de renta o subrogación de úteros para ofrecer opciones a las parejas con dificultad para procrear.

Se dice que lo que no está prohibido está permitido y esto aplica a lo que puede estar sucediendo hoy con las clínicas de reproducción asistida. Lo más recurrido es la donación de semen u óvulos y en los países donde hay regulación está estrictamente prohibida la venta. En México no hay prohibición y, por tanto, está abierta la puerta para generar un mercado negro.

Cristina Moros, directora general del Instituto Valenciano de Fertilidad (IVI), líder mundial en atención e investigación en medicina reproductiva, comenta que en México desde que IVI llegó, en el 2002, operan conforme la legislación de España y así igualmente en Chile, Panamá y El Salvador; no así en Argentina, porque es el único país de la región que tiene una ley sobre reproducción asistida. En México han entrado varias iniciativas al Congreso, sin que hasta la fecha los legisladores le den prioridad y se han quedado en la congeladora.

Es muy necesario que México discuta el tema y defina sus propias reglas, sobre todo si en el país existen ya 61 centros de infertilidad registrados ante la Cofepris. Esto, sin contar todos los que no se registran como tales pero sí ofrecen la opción de reproducción asistida sin gran experiencia. Se calcula que este mercado en México ya vale varios cientos millones de dólares, aunque es difícil determinarlo dado que existen clínicas que no operan abiertamente y que, lo más terrible, alcanzan muy bajas tasas de embarazo, lo que implica verdaderas pesadillas para las parejas que pagan por costosos tratamientos con nulo resultado.

En España, la titular de IVI nos cuenta que un factor crucial de la regulación es el anonimato de los donadores y la filiación del niño que nace bajo técnicas de reproducción asistida. Es decir, es incuestionable que la madre del bebé es quien pare, sin importar quién haya donado el óvulo o el semen. En México, como no está regulado, no hay nada claro al respecto y como cada vez hay más instancias ofreciendo reproducción asistida, puede prestarse a controversias y conflictos.

Tabasco es el único estado donde se empezó a legislar y quedó claro, por ejemplo, lo de la filiación del bebé. Pero falta mucho más, y sucede que en algunas ciudades como Cancún crece el número de este tipo de clínicas y no se sabe bien a bien cómo están operando.

La incidencia de infertilidad ha subido conforme las mujeres se concentran en lo profesional y laboral, y retrasan la edad para embarazarse. Ese paso en Europa se dio en los 90 y ahora está sucediendo en zonas como América Latina.

Es un renglón al que México debe dar prioridad, pues sucede que su índice de infertilidad repunta notoriamente, no sólo porque las mujeres están decidiendo embarazarse a mayor edad, sino porque, un agravante más, se ha descubierto que la obesidad y la diabetes derivan en dificultad para la fertilidad tanto en hombres como en mujeres.

mrcoronel@eleconomista.com.mx

@maribelrcoronel

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