¿Tiene futuro el sector inmobiliario?

CREDITO: 
Horacio Urbano

Las grandes crisis económicas son en nuestro tiempo lo que las grandes epidemias fueron para el mundo antiguo.

Y no estoy exagerando, porque así como la peste negra cambió las estructuras geopolítica, social y económica de la Europa medieval, del mismo modo las crisis recurrentes han golpeado a las economías y a los sistemas financieros de países, de cuyo desempeño depende el cada vez más frágil y expuesto equilibrio global.

Porque es evidente que las causas y repercusiones de cada cisma económico o financiero son poderosos condicionantes para entender el futuro de un país y, en consecuencia, de cada sector productivo.

Tomemos como ejemplo al sector inmobiliario, que iniciaba este nuevo siglo con indicadores de crecimiento muy superiores al del promedio de la economía; indicadores construidos sobre los firmes cimientos de la disponibilidad de financiamiento, una poderosa maquinaría capaz de satisfacer con creces la demanda y una sociedad atrapada en las redes del consumismo.

Y los mercados inmobiliarios se volvieron locos; se alejaron de la ortodoxia y, resultado de la irresponsabilidad y ambición de gobiernos, empresarios, instituciones financieras y consumidores, provocaron una espiral inflacionaria en los precios de los inmuebles, el relajamiento en las políticas de originación de los créditos hipotecarios y que las carteras respaldadas por estos portafolios se contaminaran con el virus del riesgo a prácticamente todos los mercados financieros del mundo.

Y de pronto, en el momento menos pensado, porque no había razón para que fuera de otra forma, a mediados del 2008 esas carteras de paupérrima calidad, formadas por millones de hipotecas que nunca serían pagadas y respaldadas por propiedades cuyo valor real era inferior a la deuda, “tronaron como ejotes”, dando paso al episodio subprime.

A partir del estallido de esa bomba, el 2009, el 2010 y el 2011 han sido desastrosos para las principales economías del mundo, en especial, para países como Estados Unidos y España, cuyos mercados inmobiliario e hipotecario habían sido considerados durante muchos años como ejemplos a seguir.

Fue una sorpresa saber que en Estados Unidos, autoridades, bancos, firmas calificadoras y desarrolladores inmobiliarios, se hicieron cómplices para dar créditos a quienes no podían comprobar ingresos para comprar una casa cuyo valor estaba inflado.

Pasando aceite y cascabeleando, las economías del mundo llegaron al 2011. En España y Estados Unidos los precios de los inmuebles no se recuperaban y el desempeño del mercado inmobiliario nada tenía que ver con la época dorada previa al subprime.

Ah, los dichos de la abuela: “Éramos muchos y parió la puerca”. Cuánta verdad. En medio de ese difícil escenario en que no sólo los mercados inmobiliarios, sino las economías y los sistemas financieros del mundo luchaban por sobrevivir.

¿Y México? ¿Estaba acaso México al margen de lo que estaba pasando en el mundo? ¿Es que acaso pasó aquí lo mismo que en Estados Unidos o España? ¿Será que el catarrito de esas poderosas industrias inmobiliarias se convirtió en una pulmonía para la nuestra?

Pues sucede que no, porque si bien la economía mexicana sufrió los efectos de la desaceleración global, el hecho es que aquí no hubo crisis subprime, no se paralizó el sector inmobiliario y siguieron abiertas las llaves del crédito hipotecario.

Claro que las cosas ni han sido ni están siendo fáciles para los diferentes segmentos que integran nuestra industria inmobiliaria, porque mientras algunos han crecido por encima del promedio, hay otros, como el caso específico de la vivienda en destinos de playa, que se vieron afectados porque los estadounidenses vieron dañado su capacidad de compra o sencillamente perdieron la confianza.

¿Qué viene para el sector inmobiliario mexicano? Vienen tiempos interesantes. Porque a la desaceleración de las economías hay que agregar los efectos de un inminente proceso electoral que todo lo infecta y más cuando, como es el caso de esta industria, implica en su desarrollo procesos de auténtico largo plazo.

Es en ese contexto que resulta particularmente importante el V Encuentro Nacional de Análisis y Perspectivas del Sector Inmobiliario, que realizará el próximo 31 de agosto Evaluación y Gestión de Proyectos -firma que encabezan Mario Rozenstein, Amado Vega y Fernando Schütte-, y que con base en la participación de verdaderos líderes de esta industria tiene como fin dar respuestas a todas aquellas inquietudes que pueda haber en torno del futuro de la misma.

¿Suena interesante? ¿Quién se apunta?

Seguimos en contacto a través de mi cuenta de Twitter (@horacio_urbano).

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